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Capítulo 1103:
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—Ya veo. —Su voz estaba controlada, sin delatar la tormenta que se avecinaba en su interior.
Solo el palidez de sus nudillos al agarrarse al escritorio delataba las emociones que bullían en su interior.
Se sentía agotada, tanto física como mentalmente.
Se dirigió hacia su escritorio, sacó una silla y se dejó caer en ella.
—Tráeme una lista de todos los trabajadores que estaban presentes en el momento del incidente —ordenó con tono seco y controlado.
Omar dudó solo un segundo antes de asentir. —Sí, señora Sullivan. Ahora mismo.
Salió apresuradamente.
A solas, Charlee cerró los ojos. Sus pensamientos se arremolinaban en una tormenta caótica, haciéndole latir las sienes.
Al poco rato, Omar regresó y dejó un documento sobre su escritorio.
Charlee lo tomó y examinó los nombres con atención.
Entre ellos estaban los fallecidos, los diecisiete heridos y los quince que habían logrado escapar.
En total, la lista debería haber incluido a treinta y tres trabajadores.
Pero solo había treinta y dos nombres.
Entrecerró los ojos.
—¿Quién falta? —preguntó con voz firme, pero teñida de sospecha.
Omar, como si anticipara su pregunta, respondió de inmediato.
—Deandre Vaughn. Dijo que le dolía el estómago y se fue antes de empezar a trabajar. Era el responsable de la construcción del muro.
Charlee contuvo el aliento durante una fracción de segundo. Una punzada de inquietud le recorrió la espalda.
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¿Casualmente, Deandre Vaughn, la persona responsable de la construcción de la pared, se había marchado justo antes de que ocurriera el desastre?
—Omar —Charlee levantó la cabeza y lo miró con ojos afilados—.
Ve a buscar a Deandre. Ahora mismo.
Algo en su tono hizo que Omar se pusiera tenso. Sin dudarlo, asintió con la cabeza.
—Sí, señora Sullivan.
Se dio media vuelta y salió de la oficina a zancadas.
El silencio se apoderó de la habitación, denso y sofocante. Cada segundo se alargaba insoportablemente.
Cuanto más esperaba Charlee, más fuerte se hacía la inquietud que se enroscaba en sus entrañas.
Una sensación de aprensión la carcomía, oscura e insistente.
Entonces, sonó el teléfono de su escritorio.
—¡Señorita Sullivan, hemos encontrado a Deandre! ¡Está en la estación de tren, intentando escapar!
Los ojos de Charlee se volvieron fríos como el hielo.
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