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Capítulo 1102:
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Sus ojos se oscurecieron y le lanzó una mirada fulminante.
—¡Liam, cuida tu lengua!
Su repentino arrebato de furia lo tomó por sorpresa. Su sonrisa vaciló por una fracción de segundo antes de recuperarse rápidamente y volver a su actitud engreída habitual.
—Vaya, vaya. Qué mal genio, señorita Sullivan. —Fingió inocencia con un encogimiento de hombros despreocupado—. Solo expresaba mi preocupación. Por cierto, ¿dónde está el señor Harris? Con todo lo que está pasando, ¿no debería estar a su lado?
El tono insinuante de su voz revolvió el estómago de Charlee. Este hombre era completamente desvergonzado.
No tenía intención de entretenerlo más y se dio la vuelta para marcharse.
—Señorita Sullivan, espere. —La voz de Liam la siguió, esta vez con un tono más calculado.
—Sé que está desesperada por arreglar este desastre. La familia Ellis ya está negociando con los responsables de la Global Pharma Expo. Si todavía quiere salir adelante, tendrá que actuar rápido.
Sus palabras colgaban como un anzuelo envuelto en un fino velo de buena voluntad.
—Hay una solución sencilla —continuó, haciendo una pausa como para dejar que el peso de su sugerencia calara hondo—. Eche toda la culpa a Silvia. Conviértala en chivo expiatorio y tal vez, solo tal vez, aún pueda salvar lo que queda del Grupo Sullivan.
¿Chivo expiatorio?
¿Cuando ni siquiera eran los responsables de este desastre?
Una risa fría se escapó de los labios de Charlee, rebosante de puro desdén.
—Me das asco. Sus palabras rezumaban repugnancia, cada sílaba estaba impregnada de veneno. Sin mirarlo siquiera, se alejó.
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Liam observó su figura mientras se alejaba, con una chispa de diversión en los ojos.
Esta mujer… tan obstinada e intrigante como siempre.
Charlee no tenía intención de volver a Crescent Haven. En lugar de eso, se dirigió directamente a la oficina.
El peso de la situación le oprimía el cráneo y se frotó las sienes, tratando de alejar el cansancio acumulado.
Omar, su asistente, estaba cerca, inquieto.
Ella levantó la vista, intuyendo inmediatamente que había problemas.
—Habla —dijo en voz baja, con un tono irritado.
Omar dudó un segundo antes de exhalar.
—Señorita Sullivan, varios de nuestros socios… y los que estaban programados para el próximo trimestre… —Titubeó, como si le costara dar el golpe final—. Han llamado para cancelar sus contratos.
El corazón de Charlee se encogió.
Esperaba que las cosas se complicaran, pero oírlo en voz alta la sumió en una ola de fría realidad.
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