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Capítulo 507:
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«Acabo de poner a un pesado en su sitio, Andrés. Espero que no te importe», dijo Allison, sonriendo inocentemente, aunque sus ojos brillaban con un filo cortante y frío.
La multitud se quedó en silencio, cautivada por su gracia mortal.
Si su lanzamiento hubiera sido más potente, el hombre no habría sobrevivido. Incluso Amor entrecerró los ojos y la estudió con nueva cautela.
Andrés ya sabía que no se podía jugar con Allison. Se limitó a encogerse de hombros. «En absoluto. Cualquier basura que perturbe el casino merece ser tratada».
Un silencio incómodo se apoderó de la sala. Nadie se atrevía a hablar. Allison ladeó la cabeza y miró a los demás. «Ya que es mi casa, creo que es justo que yo ponga las apuestas».
Antes de que Andrés pudiera responder, Fay se burló, cruzándose de brazos. «Como si a la señora Prescott le importara algo de lo que pudieras ofrecer». Sabía que Allison era hábil, pero apostar era un juego de ingenio.
Sin embargo, Allison no le dedicó ni una mirada a Fay. Su atención permaneció fija en Amor.
Amor se cruzó de brazos y levantó ligeramente la barbilla. «No se lo pondré difícil, señorita Serpiente Escarlata. Empecemos con un millón». Supuso que Allison, una relativa desconocida, se resistiría ante una cantidad tan elevada y perdería la compostura. Ese era un defecto fatal en el mundo del juego.
Pero mientras Amor esperaba a que Allison se acobardara, sonó la risa de Allison: valiente, segura de sí misma.
«Un millón es poco», dijo, apoyando la barbilla en la mano. «¿Por qué no hacemos que sean diez millones?».
Diez millones.
El público jadeó, el peso de la suma electrizó la sala. Incluso dentro del casino, diez millones era una cantidad asombrosa.
Los hombres que habían ofrecido sus carteras se callaron.
Amor entrecerró los ojos. «¿Diez millones, dice?»
Kylo Vargas
Andrés lanzó a Allison una sutil mirada de cautela. «Serpiente Escarlata, una vez que firmas este contrato de alto riesgo, no hay marcha atrás. Si Amor puede poner la suma pero tú no…».
Hizo una pausa deliberada, dejando que el peso de la apuesta se asentara.
«No sólo será una broma, sino que no sólo estás apostando dinero: estás apostando tu vida. ¿Puedes aceptarlo?»
La gravedad de sus palabras flotaba en el aire, una clara advertencia destinada a hacer recapacitar a Allison. Darse la vuelta ahora significaría una desgracia pública, pero ella respondió con calma y una confianza inquebrantable: «Puedo».
Al oír su respuesta, los labios de Amor se torcieron en una sonrisa de suficiencia. «¿Diez millones, entonces? Ya que la señorita Serpiente Escarlata es tan atrevida, con gusto la igualaré hasta el final».
Amor se adelantó y firmó el contrato con una floritura.
Todos los ojos de la sala se fijaron en Allison. Todos sabían que una vez que su nombre estuviera en ese papel, no habría vuelta atrás. Sin dudarlo, Allison se adelantó y estampó su firma.
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