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Capítulo 492:
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Las palabras de Allison destilaban un sarcasmo apenas velado, y la sonrisa de Gordon se ensanchó, aunque sus ojos permanecieron fríos mientras miraba a Carole.
«Precisamente, señorita Perry. Tal vez sería mejor emplear su tiempo en persuadir al señor Lloyd para que deje de molestar a Allison. Incluso podría enviarle un regalo de agradecimiento por las molestias».
¿Un regalo de agradecimiento?
Carole sólo vio hostilidad en los ojos de Gordon. En ese momento, un escalofrío la recorrió, como si un lobo se acercara a ella. Instintivamente dio un paso atrás, sólo para golpearse contra la esquina de la mesa, sacudiéndose y haciendo que su rostro palideciera de dolor.
«No… no será necesario», balbuceó.
Gordon había sido lo bastante valiente como para ofrecérselo, pero no había forma de que ella se sintiera cómoda aceptándolo.
La tensión en la habitación aumentó, una carga estática zumbando bajo cada palabra y cada mirada.
Gordon le dedicó a Allison una sonrisa inofensiva, pero su voz tenía un trasfondo más agudo. «Allison, aquí hay mucho ruido. ¿Por qué no buscamos otro sitio para hablar?».
Su mano, apoyada en la mesa, parecía extrañamente inmaculada, sin marcas, salvo unos tenues rastros rojos en los nudillos.
«De acuerdo», respondió Allison, empezando a levantarse, sólo para sentir un fuerte apretón de hierro alrededor de su muñeca, tirando de ella hacia atrás con una fuerza innegable.
La mano de Kellan estaba apretada con fuerza, las venas se alzaban a lo largo de su antebrazo, palpitando con cruda intensidad.
Se alzaba sobre ellos, con el rostro medio ensombrecido y los ojos ardientes como una tormenta a punto de estallar. Su postura y su mirada irradiaban el tipo de amenaza que podría arrastrar a todos a su alrededor hacia un oscuro abismo.
Allison frunció el ceño, inquieta. En todos los años que llevaba conociéndolo, incluso en sus momentos más furiosos, Kellan siempre había controlado su temperamento.
Pero ahora, su moderación se estaba deshilachando, deshaciéndose delante de ella.
«Déjala ir». La sonrisa de Gordon se agotó, sus ojos se endurecieron mientras se enfrentaba a Kellan.
Había una violencia silenciosa y latente en su mirada, una promesa tácita de dolor.
Su voz se redujo a un escalofrío que cortó el aire.
Bajo la sombra de su rostro, la mirada oscura de Kellan se encontró con la de Gordon sin inmutarse. «¿Y si digo que no?»
«¡Kellan!» El rostro de Gordon se ensombreció aún más, su serenidad se desvaneció, invadida por una hostilidad latente.
Sin mediar palabra, se abalanzó hacia delante, con el puño hacia atrás, apuntando a Kellan con un golpe preciso y calculado. Pero con un fuerte estruendo, su puño se balanceó en el aire vacío, sin golpear nada.
El café de la mesa se tambaleó, y luego se derramó en una lenta ola cuando la mesa se estremeció bajo el golpe fallido.
En un abrir y cerrar de ojos, Allison había desaparecido.
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