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Capítulo 119:
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Sheila llevaba un momento esperando fuera de la puerta cuando una voz desde dentro le indicó que entrara. Abrió rápidamente la puerta y entró en la oficina del presidente.
Normalmente distante y orgullosa, Sheila se comportaba ahora con humildad y deferencia. Caminaba con cuidado, con la cabeza ligeramente inclinada, deseosa de causar una buena impresión.
La oficina era espaciosa y vio una figura sentada en un sillón de cuero, de espaldas a ella, mirando por la ventana.
De pie junto a esta figura estaba Charlie, el director general, con una postura respetuosa.
Sheila sintió una oleada de emoción. La persona que estaba en la silla tenía que ser el presidente.
Antes de que pudiera presentarse, el presidente habló. —Sr. Arnold, no es necesario que se quede. Puede marcharse.
Charlie se detuvo, aparentemente indeciso, pero finalmente asintió y salió de la oficina en silencio.
Ahora sola con el misterioso presidente, el corazón de Sheila latía con una mezcla de nerviosismo y curiosidad. La voz del presidente no solo era agradable, sino también inesperadamente juvenil.
De hecho, la voz le resultaba extrañamente familiar a Sheila, pero no podía precisar dónde la había oído antes. Dejando de lado estos pensamientos, se concentró en el motivo por el que el presidente había solicitado una reunión privada.
Con la marcha de Charlie, quedándose solos los dos, los pensamientos de Sheila comenzaron a divagar.
Muchos compañeros habían mostrado interés en ella anteriormente, pero ella siempre se había mantenido indiferente.
Al fin y al cabo, habiendo ascendido al puesto de vicepresidenta a una edad tan temprana, no era alguien que se conformara con cualquiera. Pero la atención del presidente era algo completamente diferente.
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Mientras reflexionaba sobre las implicaciones, Sheila pasó inconscientemente los dedos por sus medias negras, sintiendo una oleada de expectación en lugar de renuencia ante la situación que se estaba desarrollando.
Ganarse el favor del presidente podría elevar su estatus dentro de la empresa a nuevas cotas.
Skyline Group no era una empresa cualquiera, era la cúspide del éxito en Inewood, dirigida por un presidente cuyo calibre era inigualable.
La mayoría de la gente competiría ferozmente por una oportunidad así.
Absorta en sus pensamientos, Sheila apenas se dio cuenta de que Charlie ya había salido de la oficina, cerrando suavemente la puerta tras de sí.
De repente, volvió al presente y su rostro adoptó una expresión seductora, lista para cautivar.
Pero cuando la silla giró lentamente, revelando al misterioso presidente, la tentadora fachada de Sheila se congeló.
El hombre sentado frente a ella no era otro que Ashton, ¡la misma persona a la que acababa de despedir en la entrada de la empresa hacía unos momentos!
Ashton observó la expresión atónita de Sheila, esbozando una sutil sonrisa en los labios mientras se burlaba: «Señorita Watson, ha sido usted toda una fuerza en la planta baja. ¿Por qué está tan pálida ahora? ¿No se encuentra bien?».
Bajo el peso de la sonrisa burlona de Ashton, Sheila no entendía sus motivos.
Se sentía como si la hubieran arrojado a un abismo helado, con las piernas débiles e inestables.
¿Cómo podía ser? ¿Por qué él?
La sensación era como un golpe fuerte en la cabeza, que la dejaba mareada y desorientada.
En medio de la confusión, el único pensamiento claro que se le ocurría era que su inepto hermano la había metido en un buen lío esta vez.
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