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Capítulo 744:
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En la mesa del comedor estaba sentado Sherwood, con las gafas bien caladas en la nariz, la viva imagen de la serenidad mientras leía el periódico. Al oír el alboroto, levantó la cabeza, se ajustó las gafas y habló con suave paciencia. «Molly, ven a cenar».
Molly no tenía nada de apetito.
Su mente no dejaba de reproducir la imagen de Luis y Miranda caminando uno al lado del otro, saliendo juntos del hotel.
Los celos y el resentimiento se arremolinaban en su interior como una tormenta que se negaba a amainar.
Aun así, no se atrevía a mencionárselo a Sherwood. Él ya le había insinuado que debía olvidar a Luis, y si le contaba lo que había visto, solo le daría más motivos para insistir en su postura.
Molly se mordió el labio, se controló y se dirigió a la mesa del comedor.
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Arrastró una silla, se sentó y se quedó mirando al vacío la comida que tenía delante, con el estómago vacío de hambre.
Sherwood dejó a un lado el periódico y empezó a comer. Molly levantó el tenedor, dio unos cuantos bocados de cortesía y, de repente, recordó algo.
La esperanza se encendió en sus ojos. Dejó el tenedor sobre la mesa y se inclinó hacia delante con entusiasmo. «Papá, ¿no prometiste hace tiempo que hablarías de un acuerdo matrimonial con la familia Sampson? ¿Cómo va todo? ¿Qué dijo el padre de Luis?»
Sherwood se detuvo y levantó lentamente la cabeza para encontrarse con su mirada ansiosa.
El recuerdo del rechazo inflexible de Luis lo golpeó, despertando en él una oleada de furia. Sentía lástima por la inquebrantable devoción de Molly hacia un amor que no le daba nada, pero, más que eso, ardía de ira ante la ingratitud de la familia Sampson.
Entornó los ojos, con un destello frío brillando en ellos.
Con un fuerte resoplido, habló con una voz afilada como el acero. «Molly, los Sampson no te quieren. Pero ten por seguro que no permitiré que soportes esta humillación en vano. Puesto que rechazan nuestra buena voluntad, tomaré medidas contra ellos».
Molly, que había estado conteniendo la respiración a la espera de buenas noticias, se quedó paralizada. Se puso pálida.
Sherwood —siempre amable y cariñoso, especialmente con ella— revelaba ahora un lado que ella nunca había visto, tan frío como la escarcha del invierno.
Un escalofrío le recorrió la espalda mientras forzaba las palabras a través de sus labios temblorosos. «Papá, ¿qué quieres decir con eso?».
La sonrisa de Sherwood ocultaba una férrea determinación.
Extendió la mano y le acarició la cabeza, aunque sus ojos brillaban con una determinación escalofriante. «Molly, recuerda esto: aquí, en Ochrerayd, solo nuestra familia Kirk tiene derecho a estar por encima de todos».
Molly lo miró atónita, con la confusión grabada en el rostro.
No podía entender por qué de repente hablaba de ambición y poder, ni de dónde había surgido ese deseo devorador de control.
Su corazón, sin embargo, seguía fijado únicamente en Luis. Asintió distraídamente, con los pensamientos vagando de nuevo hacia él.
Había una cosa de la que estaba absolutamente segura: amaba a Luis. Anhelaba su afecto, estaba desesperada por ser la única a su lado. Aunque su corazón no le reservara ningún lugar especial, su obsesión nunca había flaqueado. Lo quería a él, en cualquier condición, por cualquier medio.
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