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Capítulo 228:
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Esbozando una horrible sonrisa, el Señor Griffin se burló: «Vaya, vaya, vinieron preparados, ¿Eh? Parece que no son ningunos tontos. ¡Jajaja! ¡Yo también estoy bien preparado! Nadie sale de aquí sin mi permiso».
Al decir eso, varios hombres entraron corriendo a la sala privada, y uno de ellos cerró la puerta.
Los guardaespaldas de ambos lados eran unos tipos bastante corpulentos. Además, todos eran habilidosos y se igualaban en fuerza. Siendo ese el caso, era difícil poder ganar la partida.
«¡Golpéenlos!», ordenó el Señor Griffin.
Enseguida sus hombres iniciaron la pelea con los chicos de Brea.
Había sido una batalla feroz; botellas y platos volaban de un lado a otro.
A su vez, las hermosas mujeres que seguían atrapadas allí corrían desnudas con las manos en la cabeza. Sus gritos llenaban toda la habitación.
Ante la escena, el Señor Griffin tuvo una erección.
“Tráiganme a Brea. Les mostraré cómo coger a la mujer más hermosa de la industria del entretenimiento», les dijo el anciano a sus dos asistentes.
De inmediato, sus secuaces corrieron hacia Foley y Brea, cuyo rostro se puso pálido de miedo.
Sin embargo, Foley había cambiado drásticamente su actitud sumisa. En cambio, se comportó como un hombre de verdad. Entonces, se tumbó en el suelo para abrazarse a las piernas de los dos asistentes, mientras gritaba: «¡Brea, corre!».
“¿Foley…?». Confundida, la chica no esperaba que él hiciera tal cosa.
«¡Cállate y corre!», insistió el hombre.
En vista de que ella quería salvar a Foley, sabía que solo podría hacerlo buscando ayuda afuera.
Por ende, no se atrevió a demorarse más, y salió corriendo de la habitación.
A esas alturas el Señor Griffin estaba tan enojado que golpeó la mesa, gritando:
«¡Persíganla, dense prisa! ¡Apúrense!».
Los asistentes querían patear a Foley y salir en búsqueda de Brea, pero no se imaginaban que el representante de la actriz, aunque se veía bastante delgado, fuera tan fuerte. No fue hasta que uno de los hombres logró patearle el brazo que él finalmente se vio obligado a soltarlos.
Afuera, Brea corría a través del pasillo con sus tacones altos.
Quizás el hecho de que ya era tarde en la noche hacía que no hubiera nadie a la vista. Por esa razón, tenía que hacer todo lo posible para llegar hasta la sala de seguridad del hotel. No obstante, a mitad de camino se tropezó con la alfombra y se torció el tobillo.
Gritando de dolor, quería quitarse los tacones para correr descalza, pero le dolía tanto el tobillo que ni siquiera podía caminar.
Desesperada, se apoyó contra la pared y se esforzó por levantarse, aunque pronto volvió a caer al suelo.
¡Estaba perdida!
«¡Oye, deja de resistirte!», le dijo uno de los asistentes del Señor Griffin al alcanzarla.
“¿Cuál es el punto de ser tan terca? No puedes huir. Mira, si regresas con nosotros voluntariamente, podemos decirle al Señor Griffin que sea amable contigo».
«¡Bah! Ustedes son el tipo de idiotas que siempre adulan a sus jefes. ¡No ha nacido la persona que se atreva a aprovecharse de mí!», exclamó Brea, al tiempo que los dos sujetos se le acercaban paso a paso. A pesar de que estaba muerta del pánico, la joven no se daría por vencida.
A raíz de ello, hizo todo lo posible por ponerse de pie y cojear hacia adelante sin importarle el dolor que sentía en su tobillo.
«¡Vamos! ¡No dejemos que se escape!», dijo Raul empujando a su colega.
Sin embargo, el otro asistente, Huey Walsh, tiró de él hacia atrás sonriendo con malicia como si fuera el propio Señor Griffin.
“Oh, mírala. ¿Qué tan lejos podría ir en esas condiciones? También podríamos detenernos un par de minutos para admirar la belleza de la superestrella que lucha por sobrevivir».
Sacudiéndose del agarre de Huey, Raul replicó: «¿Estás loco? Si por casualidad se escapa, ¿Qué le dirás al Señor Griffin?».
Con esto, Raul se apresuró a alcanzar a Brea, dejando a Huey atrás observando la escena con una sonrisa.
En ese instante, se escuchó el ruido de una puerta abriéndose.
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