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Capítulo 229:
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Justo en ese momento Wayne acababa de culminar su reunión con aquel cliente problemático que tenía, y finalmente consiguió lo que quería para llevar a cabo su proyecto.
Entonces, con el ánimo renovado, regresó a su habitación para celebrar con una copa de champán antes de recompensarse con un buen sueño. Cuando acababa de abrir la puerta, de repente escuchó un sonido extraño en el pasillo.
Allí, echándole un vistazo a sus alrededores, el chico vio a Brea apoyada contra la pared y avanzando con dificultad. Parecía estar muy adolorida.
Además, detrás de ella, un hombre intentaba alcanzarla.
La pobre Brea lucía demasiado débil, por lo que el hombre que la perseguía se le acercó con facilidad.
«Brea…».
Al escucharlo hablar, Wayne no pudo contener su ira y se le abalanzó de inmediato.
Luego de tirarlo al suelo, le preguntó: «¿Tú quién eres? ¿Qué quieres hacerle a Brea?».
Aturdido, Raul solo alcanzó a maldecir.
“¿Quién carajo eres tú? ¡B$stardo! ¿Cómo te atreves a golpearme? ¿Tienes idea de con quién te estás metiendo?».
Ignorando a Raul, Wayne se dio media vuelta para caminar hacia Brea, que respiraba aliviada tras reconocerlo. Cayendo directamente en sus brazos, la chica exclamó: «¡Ayuda…!».
Era la primera vez que Wayne la veía así de miserable. Conmovido, la abrazó con fuerza para mantenerla de pie, y pasados unos segundos, ella lo miró para decir en un tono vulnerable: «Es bueno verte. Gracias por salvarme».
Wayne estaba petrificado ante esa actitud de la chica. Sentía que ella era una persona completamente diferente.
Teniendo eso en cuenta, no podía imaginar lo que la había llevado a comportarse de esa manera. Solo esperaba que esa fuera la primera y última vez que la viera en ese estado.
Seguidamente, el hombre palmeó con suavidad la mejilla de la chica, y movió su mano hacia su hombro con la esperanza de darle una sensación de seguridad.
«¿Brea, qué sucedió? ¿Cómo terminaste así?».
Tratando de calmarse, ella señaló su pie, y dijo: «Me torcí el tobillo. Mi agente y mis guardaespaldas están en la habitación 808. Fuimos invitados por el Señor Griffin, el gerente de The One Jewelry, para hablar sobre un posible negocio… pero él… quiso propasarse conmigo. En vista de que me negué, ¡Iba a vi%larme!».
Al decir semejante barbaridad, el delicado cuerpo de la actriz tembló ligeramente.
“Foley se trajo algunos guardaespaldas con la intención de garantizar mi seguridad, lo que no esperaba era que ese viejo verde viniera preparado para eso. ¡Ahora mismo están peleando ahí dentro! Foley logró detener a estos tipos y me pidió que escapara, pero de todos modos me alcanzaron. Oh, Dios mío, no sé cómo está Foley. ¿Lo habrán matado? Por favor, ayúdame a rescatarlo».
Una vez que Wayne escuchó su relato, una ola de ira surgió en su corazón.
«No tengas miedo. Él estará bien. Tal vez reciba algunos golpes, pero tranquila, lo sacaremos de ahí con vida».
Dicho eso, sacó su teléfono para enviarle un mensaje a Dilan.
«Trae algunos de nuestros mejores hombres a la habitación 808 del hotel Westin.
¡Ahora!».
Wayne acababa de recibir la respuesta de Dilan cuando Raul se puso de pie tambaleándose.
«¡Maldita sea!», gritó, señalando a Wayne.
“¿Quién diablos eres tú? No te entrometas en nuestros asuntos o sufrirás las consecuencias».
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