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Capítulo 29:
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Esa sensación de inquietud se hacía más fuerte por segundos, como si su instinto intentara decirle que ya había perdido algo cuya importancia aún no había comprendido.
Dayna seguía pareciendo la misma persona y sonaba igual también, pero en el fondo, de alguna manera, él sabía que ya no era la mujer que solía conocer.
Kristopher no dijo gran cosa durante el enfrentamiento. Se limitó a quedarse allí sentado, tan tranquilo como siempre, pero el ambiente se sentía más pesado con él cerca, como si una tormenta estuviera a punto de estallar.
—No debería creerse tan importante, señor Foster —dijo Kristopher por fin—. Hablarle así a su ex no le hace fuerte. Solo le hace parecer patético.
Hablaba como si nada pudiera perturbarlo, pero había una frialdad en su tono que podía poner los pelos de punta a cualquiera.
La forma en que dijo «ex» le dio como una bofetada. Dejó muy claro que Dayna ya no era suya.
Declan apretó la mandíbula. «Así que eso es lo que pasa, ¿eh? No me había dado cuenta de que tú y Dayna estabais tan unidos. Que salgas en su defensa dice mucho, señor Hudson».
Desde el momento en que Kristopher apareció, no solo había salido en defensa de Dayna, sino que había dejado claro, sin siquiera levantar la voz, que se interponía entre ella y cualquier daño.
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No era algo que la gente necesitara que se le explicara. Hombres como Declan y Kristopher entendían el mensaje claramente, aunque nadie más lo dijera en voz alta.
En ese momento, ya no parecía un hotel. La tensión en el ambiente hacía que pareciera más bien una zona de guerra silenciosa.
Estos dos no eran novatos, pero ambos sabían cómo pelear sin levantar la voz. Y esas eran siempre las batallas más peligrosas.
Madison, que no era de las que se quedaban en un segundo plano, se apartó el pelo detrás de la oreja a propósito, mostrando la marca roja de su mejilla para que todos la vieran.
—Dayna, de verdad creo que tú y Declan deberíais hablarlo. Quizá todo esto no sea más que un gran malentendido —dijo con dulzura, actuando como la pacificadora.
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