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Capítulo 28:
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Dayna no dudó.
Levantó la mano y la bofetada que le propinó a Madison en la mejilla resonó fuerte y aguda.
Madison jadeó, tambaleándose hacia atrás mientras se llevaba la mano a la cara. Se le llenaron los ojos de lágrimas y miró a Dayna con incredulidad. «Dayna…»
«¡Maddie!»
Declan se levantó de un salto y corrió hacia Madison en cuanto vio cómo el enrojecimiento se extendía por su mejilla. La miró con preocupación, pero en el momento en que sus ojos se posaron en Dayna, esa preocupación se transformó en rabia. Su furia se desató. «¿Solo porque Kristopher esté ahora de tu lado, crees que puedes pisotear a todo el mundo?».
Dayna sacudió los dedos, que le ardían, con voz firme y fría. «Hay que tener unos nervios de acero para hacerte la víctima después de todo lo que has hecho».
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Madison la había hecho sufrir durante años: humillaciones, dolor y mentiras sin fin. Una bofetada ni siquiera se acercaba a ser una venganza.
El rostro de Declan se volvió de piedra. Su tono se volvió agudo y enérgico. «Ponte de rodillas y pídele perdón a Madison ahora mismo. Deja que te devuelva la bofetada».
Madison se apoyó suavemente contra su pecho, mordiéndose el labio mientras lo miraba con los ojos llorosos. «Declan», susurró con voz temblorosa. «Dayna siempre se ha hecho una idea equivocada de mí. Si recibir esta bofetada os ayuda a hacer las paces… entonces aceptaré la humillación. No me importa».
Sus ojos se enrojecieron, vidriosos por las lágrimas que aún no habían caído. Aunque estaba alterada, seguía hablando como si intentara arreglar la relación entre Dayna y Declan. Intentó parecer fuerte, como una flor doblada por la lluvia pero que aún intentaba mantenerse en pie.
Declan le apretó la mano, con la ira ardiendo en sus ojos mientras lanzaba una mirada fulminante a Dayna. «Haz lo que te digo o olvídate de volver a entrar en mi vida».
Pero en el instante en que miró a los ojos de Dayna —completamente vacíos de calidez— sintió un extraño escalofrío instalarse en su pecho.
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