✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 22:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Lucas solía ponerse inquieto en los atascos, pero aquel día, por alguna razón, parecía inusualmente tranquilo, absorto en garabatear en su pizarra con un lápiz de colores.
Edward, por su parte, seguía dándole vueltas a lo que había pasado aquella tarde en el restaurante. Podía entender por qué Lucas sentía cierta conexión con Olivia; al fin y al cabo, ella le había salvado la vida una vez. ¿Pero qué había de su hija?
Sí, era encantadora, pero no era la primera vez que alguien traía a una niña adorable con la esperanza de ayudar a Lucas a conectar con alguien. Y todas las veces anteriores, Lucas había reaccionado con total indiferencia.
Justo cuando terminaba de pensar eso, sintió que le tiraban de la manga.
Volvió en seco al presente y se giró hacia la silla infantil que tenía a su lado.
Lucas levantó su pizarra, con los ojos brillantes de emoción. Dibujados con lápices de colores había un hombre y una mujer, y entre ellos un niño que les cogía de la mano a ambos. El cielo era azul, el sol dorado, la hierba verde. Todo tenía un aspecto maravilloso.
Edward estudió el dibujo durante un momento y luego preguntó, con un tono de incertidumbre:
Ún𝗲𝘵𝗲 𝗮 𝘯𝗎𝗲s𝘁𝗿𝖺 𝖼𝘰m𝘂ո𝗂𝖽a𝗱 𝖾ո nо𝗏еl𝖺𝘀𝟰𝗳𝘢𝘯.cо𝗺
«¿Quieres una madre, Lucas?»
El niño asintió con entusiasmo. Se sonrojó y, con un esfuerzo visible, logró articular una palabra:
«¡Mamá!»
La expresión de Edward se congeló al oírlo; un destello de incredulidad nerviosa le cruzó el rostro. Siempre había sido un hombre sereno y sensato, pero su voz temblaba, cargada de asombro.
«Lucas… acabas de hablar».
No había oído al niño pronunciar ni una sola palabra desde aquella fiebre alta de hacía tres años. Era la primera vez que hablaba en todo ese tiempo.
Lucas lo miró con esperanza, aferrándose a su pizarra blanca. Una oleada de emoción invadió a Edward. Le llevó un momento recomponerse, atribuyendo aquel pequeño milagro quizá a la escena que había presenciado ese mismo día: la natural cercanía entre Olivia y Emma. Quizá eso había despertado una silenciosa envidia en su hijo, y ese pensamiento le provocó una leve punzada de culpa.
Había sido joven e imprudente cuando decidió tener un hijo.
En aquel momento, creía que entregar al niño a su abuelo para cumplir un viejo deseo no tendría consecuencias reales. Al fin y al cabo, «no era más que un bebé». No esperaba crear un vínculo tan fuerte con él.
Si entonces hubiera sabido lo que sabe ahora, nunca habría dejado que algo tan frágil como la vida de un recién nacido viniera a este mundo solo, rodeado de miedo e incertidumbre. Precisamente él, más que nadie, debería haber comprendido la importancia de tener una familia completa.
Con ese pensamiento en mente, acarició con ternura la cabeza de Lucas.
«Está bien. Papá te buscará una mamá».
Lucas se iluminó de alegría, con los ojos tan brillantes como su sonrisa.
«He echado un vistazo a los colegios de los alrededores, pero los servicios médicos no son muy buenos y algunos están bastante lejos del hospital. Me preocupa el asma de Emma. Si tuviera otro ataque, no habría tiempo suficiente para llevarla al hospital».
.
.
.