✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 282:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Se retorció, con los brazos atados a la espalda, intentando alcanzar el origen del dolor. Siseó cuando el movimiento le tiró de la rozadura del hombro.
«No puedo alcanzarlo», susurró. «Está atascado».
Kaelen se quedó mirando la pared por encima de su cabeza.
Debería marcharse. Debería montar guardia fuera de la puerta y dejar que ella lo arreglara. Era su guardaespaldas. Él era el activo. No tenía por qué tocar a la prima de su jefe en estado de desnudez.
Pero ella estaba sufriendo.
—Date la vuelta —dijo Kaelen con voz ronca.
Willow dudó un instante y luego le dio la espalda. Se apartó el pelo hacia un lado, dejando al descubierto la nuca. Con dedos temblorosos, se desabrochó los dos primeros botones de la blusa y dejó que esta se deslizara por sus hombros lo justo para dejar al descubierto el tirante trasero del sujetador.
El aire del pasillo se volvió de repente más cálido, cargado de electricidad estática.
рa𝗿𝘁і𝗰𝘪𝗉𝗮 e𝗻 𝘯𝗎𝘦s𝘵𝗋𝘢 𝘤о𝗺𝗎𝗻іdad d𝗲 n𝗼v𝗲𝘭𝘢𝘀𝟦𝖿𝗮𝗇.𝘤𝗼𝗺
La piel de Willow era pálida e impecable; la marca de nacimiento que en su día la había definido no era ya más que un recuerdo, dejando tras de sí un lienzo de perfección empañado por el arañazo de un rojo intenso. El gancho metálico se había enganchado, efectivamente, en el encaje, retorciendo el tirante hasta apretarlo contra su piel.
Kaelen se acercó. Podía oler su aroma: lluvia fresca y jabón caro, mezclado con el tufillo metálico de la adrenalina. Era embriagador.
Contuvo la respiración, obligando a su corazón a latir más despacio.
Respiración táctica. Inspirar contando hasta cuatro, aguantar la respiración contando hasta cuatro, espirar contando hasta cuatro.
Levantó las manos. Le temblaban, no por miedo, sino por el puro esfuerzo de contenerse.
Sus nudillos rozaron la columna vertebral de ella al intentar alcanzar el broche. Willow dio un grito ahogado, una inhalación brusca que resonó con fuerza en aquel pequeño espacio.
—Lo siento —murmuró Kaelen.
—No pasa nada —susurró Willow. «Tienes las manos calientes».
Se concentró en el gancho metálico. Era un rompecabezas diminuto y complejo. Sus dedos, entrenados para desmontar armas de fuego en la oscuridad y neutralizar a hombres que le doblaban en tamaño, se sentían torpes al contacto con la delicada seda.
Consiguió soltar el gancho del encaje, y sus yemas rozaban la suave piel de la espalda de ella con cada pequeño movimiento.
Era una tortura. Era el momento más íntimo de su vida.
Willow permanecía completamente inmóvil, con la cabeza inclinada. Podía sentir el calor que irradiaba de él. Podía sentir la aspereza de sus dedos callosos, la vacilación en su tacto. Le hacía flaquear las rodillas. Ya no pensaba en Whitney. Pensaba en lo cerca que estaba él.
Kaelen finalmente desentrañó el gancho. Abrochó el cierre correctamente, dejando que sus dedos se demoraran una fracción de segundo de más en la curva de su columna vertebral.
—Ya está —dijo, con una voz que sonaba como si la hubieran arrastrado sobre grava.
Dio un paso atrás bruscamente, poniendo tres pies de distancia entre ellos. La pérdida de su calor fue inmediata y desconcertante.
Willow se subió la blusa, con los dedos titubeando con los botones. Se dio la vuelta lentamente. Tenía los ojos muy abiertos, oscuros y inquisitivos.
—Gracias —dijo.
Kaelen no la miró. Se quedó con la vista fija en el suelo, con la mandíbula tan apretada que un músculo se le tensó en la mejilla. Parecía un hombre que acababa de atravesar el fuego, tratando de convencerse a sí mismo de que no se había quemado.
.
.
.