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Capítulo 495:
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Una caja de regalo con delicados bordes descansaba sobre la mesa cuando Julia la abrió, revelando un vestido blanco impecable y elegante. «Póntelo, Grace. Estoy segura de que te quedará precioso. El estilo es sencillo, pero tiene un encanto discreto que te queda perfecto». Con el paso de los años, había llegado a comprender la forma de ser de Grace: nunca era de las que ansiaban ser el centro de atención ni acaparar el protagonismo.
Imágenes de Gianna, a quien le encantaba todo lo llamativo y atrevido, le pasaron por la mente. Hubo un tiempo en que Julia creía que todas las jóvenes se sentían atraídas por el glamour, pero Grace le demostró que se equivocaba.
Había algo extraordinario en Grace; lograba equilibrar la confianza y la humildad, nunca demasiado tímida, nunca demasiado llamativa. Se sentía en su punto.
«Siempre tienes el mejor gusto», dijo Grace, deseosa de complacerla, con una suave sonrisa en los labios.
Parecía que el destino tenía sentido del humor. El mismo vestido que Julia había elegido era, en realidad, un diseño propio de Grace, lanzado al mercado hacía muy poco y que se había agotado casi al instante. De alguna manera, la prenda había vuelto a sus manos, como si siempre le hubiera pertenecido.
La sorpresa aún perduraba en la mente de Grace al ver cómo todo había salido bien.
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«Comprarte ropa y ayudarte con el jardín, eso es más o menos todo lo que he conseguido hacer últimamente», admitió Julia, con un tono agridulce en la voz. A menudo se preguntaba si estaba a la altura como madre.
Antes de que ninguna duda pudiera arraigarse, Grace respondió: «Eres increíble, mamá. Nadie me ha hecho sentir tan querida como tú. Contigo, por fin siento que tengo un lugar al que pertenecer». Sus ojos, muy abiertos y llenos de sincero cariño, brillaban al mirar a Julia. Esas palabras calmaron las preocupaciones de Julia.
«Para mí eres mi familia, siempre. No podría ser dura contigo, aunque lo intentara».
Grace sonrió. «Quizá, cuando las cosas se calmen, ¿podríamos hacer un viaje juntas? ¿Solo nosotras dos?»
Viajar había sido en su día una vía de escape habitual para Grace y Norah, aunque su antigua familia nunca lo vio así. Convirtieron sus aventuras en historias de escándalo y mal comportamiento.
La vida con la familia Holden era diferente ahora. Sus padres la cuidaban, la esperaban despiertos cuando llegaba tarde y se preocupaban si no volvía a casa.
Hacía siglos que no hacía la maleta, que no sacaba fotos en la cima de una montaña ni que recorría una ruta de senderismo. Norah, ocupada con un encargo en otro lugar, tampoco podía acompañarla ya. La idea de viajar junto a Julia le despertó una chispa de emoción.
«¡Suena maravilloso! Yo tampoco he viajado en mucho tiempo», respondió Julia, radiante. «En cuanto termines de trabajar, hagamos planes. No hay nada que me apetezca más que explorar el mundo contigo».
Recordó que justo ayer, mientras tomaba café, sus amigas se quejaban de que sus hijos adultos preferían viajar con cualquiera menos con sus propias madres. Ahora, con Grace sugiriendo una aventura juntas, Julia sintió una profunda sensación de alegría.
La idea de contarles a sus amigas la invitación de Grace ya la llenaba de orgullo.
Cuando se acercaba la Reunión Internacional de la Alta Sociedad, lo primero que se le ocurrió a Julia fue llevar a Grace consigo, con la esperanza de abrirle nuevas puertas y presentarla a un círculo más amplio.
Los planes de Julia cambiaron cuando se enteró de que Grace ya había recibido su propia invitación y asistiría al evento con algunos compañeros de trabajo. En lugar de insistir en acompañarla, decidió dejar que Grace viviera la experiencia por su cuenta.
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