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Capítulo 29:
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Cuando Grace por fin llegó a casa, oyó voces que llegaban desde el salón mientras abría la puerta.
Se detuvo en el pasillo, preguntándose a qué se debían aquellas voces inesperadas.
Al entrar, la mirada de Grace se posó en Gianna. ¿No se suponía que iba a pasar la semana en la finca con Ethel? ¿Qué hacía ella aquí ahora? Las preguntas se arremolinaban en la mente de Grace hasta que Julia la vio y se acercó con manos delicadas para quitarle las bolsas de la compra. «Ya has vuelto, cariño».
«He salido con una compañera de clase. Hemos ido de compras», dijo Grace sin inmutarse.
Mientras tanto, Gianna estaba tumbada en el sofá, picando uvas sin prisa. En cuanto vio las bolsas de la compra de Grace, la envidia se encendió en sus ojos. Odiaba que toda la atención se alejara constantemente de ella. En su opinión, nunca debería haberla perdido.
Julia, sin darse cuenta de la tensión que se respiraba en la habitación, sonrió como si todo estuviera bien. «Es agradable tener amigos cerca. No te pases todo el tiempo encerrada en casa». Añadió con una risita: «Por si no lo sabías, Ethel no va a estar en casa estos días, así que Gianna se va a quedar con nosotros un tiempo. Así podréis haceros compañía la una a la otra».
En otros tiempos, Gianna solía pasar por allí a todas horas. Julia, al no tener hija propia, la trataba como a una reina. Últimamente, sin embargo, Gianna sentía que el centro de atención se había desplazado a otra parte desde la llegada de Grace.
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Grace asintió cortésmente a Julia. «De acuerdo. Gracias por avisarme».
«He preparado unos bocadillos. Hay de queso y verduras, y unos cuantos de gambas y maíz. No sabía qué te gustaba, así que he hecho un poco de todo», dijo Julia, con la voz llena de orgullo.
Al oír eso, Grace se detuvo un instante y una suave calidez se apoderó de su corazón. Los recuerdos de su infancia, pasada en orfanatos y familias de acogida, hacían que no estuviera acostumbrada a la comodidad de un verdadero hogar.
Eso había cambiado ahora, con Julia moviéndose por la cocina, tratándola como si siempre hubiera pertenecido a aquel lugar.
«No tenías por qué tomarte tantas molestias», dijo Grace en voz baja, sin apenas levantar la mirada. «No soy exigente».
Julia se limitó a reír y le revolvió el pelo. «Si te hace sonreír, merece la pena».
Cerca de allí, Gianna apretó los puños con fuerza, clavándose las uñas profundamente en la piel. Ver cómo se desarrollaba todo aquello bastó para que se le revolviera el estómago.
¿Qué tipo de magia había utilizado Grace con Julia? Se suponía que este era su momento de protagonismo. Grace ni siquiera era de la familia, solo una chica a la que dejaban quedarse.
La frágil salud de Julia siempre había sido la razón por la que nunca cocinaba. Incluso Rodger y los chicos se aseguraban de que descansara.
Sin embargo, ahora estaba en la cocina como si fuera su escenario, y todo porque Grace había entrado.
Cada gesto, cada sonrisa, cada muestra de cariño que Julia le dedicaba parecía algo de lo que a Gianna le habían privado.
La frustración llegó al límite. Alzó la voz con falsa dulzura: «Grace, la tía Julia se ha tomado tantas molestias solo por ti, a pesar de que no se encuentra muy bien. Será mejor que te lo comas todo».
Sus palabras sonaban amables, pero el sarcasmo era difícil de pasar por alto.
La tensión se hizo palpable a su alrededor.
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