✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 405:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
La voz de Cedrick era un gruñido grave y peligroso, cargado de traición y rabia. «¿No fuiste tú quien me pidió que quedáramos esta noche en el mirador del acantilado?»
Le acercó la pantalla luminosa a pocos centímetros de la cara.
Isidora se echó hacia atrás, completamente desconcertada. «¿Qué? ¡Yo no lo hice!».
«El mensaje vino de tu número», gruñó él, apretando con fuerza el teléfono como si quisiera aplastarlo.
«Debe de haber un malentendido», insistió ella, con la mente a mil por hora. Podía sentir cómo su ira se irradiaba en oleadas palpables, y todos sus instintos de supervivencia le gritaban que calmara la situación. «Tío», intentó ella, suavizando la voz hasta convertirla en una súplica desesperada, «por favor, cálmate y hablemos de esto con calma».
Aquella palabra solo pareció avivar su furia. Frustrado por la oscuridad y sus negativas, se giró hacia la pared. «Basta ya de juegos».
El pánico se apoderó de Isidora. «¡No!», gritó, lanzándose hacia él. «¡No enciendas la luz!».
𝘚𝗶́𝗀𝘶𝗲ո𝗼𝘴 еո ոo𝘷el𝖺𝗌𝟦𝖿𝗮ո.𝘤𝗼𝘮
Se quedó paralizado, con la mano suspendida en el aire. «¿Por qué no?».
«Es que… no estoy vestida», balbuceó, con la mentira dejándole un sabor a ceniza en la boca. La verdadera razón era el terror a que le viera la cara.
Se le escapó una risa amarga y sin humor. «¿No estás vestida?», se burló, con la voz chorreando sarcasmo airado. «Como si no te hubiera visto ya hasta el último centímetro. ¿Qué intentas ocultar ahora?»
Desesperada por demostrar su inocencia y alejarle del interruptor de la luz, Isidora cambió de táctica. «Déjame ver el mensaje», exigió, con un atisbo de convicción en la voz. «Déjame ver las pruebas».
Durante un largo instante, él se limitó a mirar fijamente su silueta. Luego, con un gesto brusco y airado, le lanzó el teléfono a las manos.
Isidora lo arrebató, centrando toda su atención en la pequeña pantalla luminosa. Su propio número aparecía claramente como remitente. El mensaje era breve e íntimo. Y la hora de envío… correspondía al momento en que había dejado el móvil desatendido en el salón, justo cuando Sloane había estado allí. Las piezas encajaron con una certeza nauseabunda. Era una trampa.
Pero mientras fijaba la mirada en la pantalla, reconstruyendo la conspiración en su contra, pasaba por alto por completo un hecho crucial.
La fría luz blanca de la pantalla le iluminaba por completo el rostro.
A Cedrick se le cortó la respiración de golpe. Esperaba ver el rostro familiar y corriente al que se había acostumbrado —quizá contorsionado por una mentira—. En cambio, la luz intensa reveló un rostro de una perfección tan devastadora e impresionante que desafiaba toda lógica.
No había manchas marrones, ni piel de textura áspera, ni gafas gruesas. Su tez era translúcida, resplandeciente como una perla pulida bajo la luz fría. Sus labios, ligeramente entreabiertos por la concentración, eran de un rosa natural y apagado. Sus ojos, muy abiertos y fijos en el teléfono, eran profundos y hipnóticos —y, por una vez, no estaban llenos del terror que solía dirigirle a él—.
La rabia asesina que lo había expulsado del mirador del acantilado, la furia por haber sido engañado, los celos por lo que había dado por sentado que era un juego de ella… todo ello se evaporó, sustituido por una conmoción profunda y devastadora.
.
.
.