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Capítulo 406:
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Las pupilas de Cedrick se contrajeron con tanta violencia que casi desaparecieron. Su corazón se detuvo durante un largo y agonizante segundo, para luego golpear con fuerza contra sus costillas con la potencia de un mazo. La ira no se limitó a mutar: fue aniquilada, incinerada por la repentina y cegadora verdad. En su lugar, estalló una posesividad oscura y absoluta, mucho más potente que cualquier cosa que hubiera sentido antes.
Isidora, aún absorta en sus pensamientos, levantó por fin la vista del teléfono, dispuesta a explicar su descubrimiento. «Cedrick, creo que sé lo que ha pasado. Fue…»
Dejó la frase en el aire.
La mirada de él la dejó helada. La ira había desaparecido, pero lo que la había sustituido era infinitamente más aterrador.
Era la mirada de un hombre que acababa de encontrar un tesoro del que sabía, con absoluta certeza, que nunca podría desprenderse.
La intensa luz blanca de la pantalla del móvil atravesaba el dormitorio, sumido en la más absoluta oscuridad, como un bisturí.
Cedrick Garrison dejó de respirar. Sus pupilas se contrajeron violentamente, convirtiéndose en diminutos puntos negros contra el azul gélido de sus iris. Su mente, que normalmente era un superordenador capaz de procesar miles de variables por segundo, quedó completamente en blanco.
El rostro iluminado por el frío resplandor digital no era el rostro al que se había acostumbrado. No había capas gruesas y texturizadas de base de maquillaje marrón, ni pecas artificiales desiguales, ni gafas pesadas que ocultaran su rostro. Su piel era impecable: una porcelana translúcida que parecía brillar desde dentro. Sus labios eran carnosos, suaves y de un tono rosado natural, casi morado. Sus ojos, muy abiertos por el terror absoluto, eran profundos y hipnóticos.
La rabia asesina que había arrastrado desde el mirador del acantilado no se desvaneció. En cambio, se deformó al instante, retorcida en algo mucho más oscuro por una violenta oleada de posesividad absoluta. La ira seguía ahí, pero ahora tenía un nuevo objetivo: no solo su supuesta traición, sino el mundo entero que se atreviera a posar la mirada en lo que era suyo.
Una mano enorme, dura como el hierro, se abalanzó sobre la de ella.
Cedrick bajó la mano libre y pulsó el botón de encendido del teléfono.
𝗟eе 𝗅𝖺𝘴 𝘂́𝘭𝘵i𝘮𝗮𝘴 t𝖾𝗇d𝗲n𝖼𝘪а𝗌 𝗲ո 𝗇𝗈𝘃е𝗅a𝘀𝟦𝗳an.𝘤o𝘮
La pantalla se quedó en negro.
El dormitorio volvió a sumirse en una oscuridad absoluta y asfixiante. Los únicos sonidos en la habitación eran su respiración pesada y entrecortada y el rugido lejano de las olas del mar rompiendo contra los acantilados de los Hamptons.
—Ese mensaje de texto —dijo Cedrick en la oscuridad. Su voz había vuelto a su habitual tono gélido—. Explícame.
Isidora tragó saliva con dificultad. Tenía la garganta completamente seca. Su cerebro se puso a trabajar a toda máquina, en un esfuerzo desesperado por encontrar una explicación lógica.
—Yo no lo envié —dijo, obligándose a mantener la voz firme—. Sospecho que fue Sloane Kensington.
Cedrick soltó una risa burlona, baja y áspera: un sonido de puro desprecio.
—Una excusa patética —dijo. Su aliento le rozó el pabellón auricular.
—Se puede demostrar de inmediato si es una excusa o no —dijo Isidora, sin apartar la mirada de la pared oscura que tenía delante. «La entrada a mi suite tiene una cámara de seguridad independiente. Revisa las imágenes. Fíjate en quién actuaba de forma sospechosa cerca de mi mesa durante el cóctel. Quedará perfectamente claro».
La lógica era impecable: un hecho frío y contundente contra el que él no podía argumentar.
Se quedó de pie en la oscuridad durante un largo rato. El silencio se prolongó hasta que Isidora pensó que sus nervios iban a romperse.
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