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Capítulo 1885:
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Al ver su rostro bañado en lágrimas, William sintió como si alguien le estuviera arrancando el corazón lentamente con una hoja roma. Alargó la mano y le secó las lágrimas con el pulgar, con una voz increíblemente suave. «Stel, no puedo cambiar lo que tenemos. Si Milford consigue desarrollar un antídoto, se lo agradeceré. Pero si no puede… puedo aceptarlo. Puedo vivir con eso».
La compostura de Stella se hizo añicos por completo. Se cubrió el rostro con las manos. «No quiero que mueras. Necesito que vivas. William, ¿no lo entiendes? Tu vida es más importante que todo esto». Por primera vez en su vida, deseó desesperadamente que William eligiera algo —cualquier cosa— que no fuera ella.
William negó con la cabeza lentamente, sin siquiera mirar el frasco que había sobre la mesa entre ellos. «Stel, si muero ahora mismo —mientras te quiero tanto— no me arrepentiré de nada. Pero ¿qué sentido tendría seguir vivo si eso significara estar con alguien a quien no amo? ¿No poder volver a verte nunca más? Eso no es vivir. Eso es solo existir».
Stella lo miró fijamente, con el rostro arrugado por la angustia. «¿Cómo puedes decir eso? ¿Has pensado en todos los demás que te quieren? ¿Tus amigos? ¿Steven? ¿Jewell? ¿Y yo qué? Si mueres, ¿qué se supone que vamos a hacer sin ti?». Aún era tan joven. ¿Cómo podía dejarlo ir así sin más?
Cogió el frasco de la mesa y se lo tendió con las manos temblorosas. «William, por favor…»
Nunca le había suplicado nada.
𝘛𝘳𝘢𝘥𝘶𝘤𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘦𝘯 𝘯𝘰𝘷𝘦𝘭𝘢𝘴4𝘧𝘢𝘯.𝘤𝘰𝘮
El pecho de William subía y bajaba con dificultad. Se quedó mirando el antídoto que ella le ofrecía, con la mandíbula apretada, y finalmente se lo quitó de las manos. Justo cuando tanto Stella como Anika pensaban que había cedido, de repente levantó el brazo y lanzó el frasco al suelo con una fuerza brutal.
El sonido del cristal rompiéndose contra las baldosas resonó agudo y terrible en la tranquila cafetería. Un líquido azul pálido se extendió por el suelo formando un charco amplio y quieto.
Stella lo miró fijamente y un dolor diferente a todo lo que había sentido jamás le atravesó todo el cuerpo. Las piernas le fallaron por completo y se habría derrumbado si William no la hubiera sujetado.
Actuó con rapidez, atrayéndola hacia él antes de que pudiera caer al suelo. «¡Stel!».
Anika se quedó paralizada, mirando el antídoto destrozado en estado de shock total. «Estás loco. De verdad que estás loco». Conseguir ese antídoto no había sido fácil, ni siquiera con todos los recursos y contactos de su familia. Había pedido favores, recurrido a la red de contactos de su familia y pasado semanas buscándolo. Solo había existido un frasco, y él lo había destruido sin dudarlo un instante, como si no fuera él quien moriría sin él.
William enderezó a Stella por completo y la abrazó con fuerza contra él. «Stel, te quiero más que a mi propia vida». Vivir sin ella sería peor que morir. Lo sabía con absoluta certeza.
Stella se derrumbó contra su pecho, sollozando tan fuerte que todo su cuerpo temblaba y no podía articular palabra. William le acarició lentamente la espalda con la mano, con un tacto infinitamente suave, como si ella fuera lo más preciado del mundo.
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