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Capítulo 1156:
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«Acepto el nombramiento», dijo ella. Su voz era tranquila, pero tenía la fuerza del acero.
En el rostro de Nelson se dibujó una sonrisa genuina, algo poco habitual en él. «Bienvenida a casa, Valkyrie».
Maxwell se levantó y se acercó a su escritorio, tendiéndole la mano. «Enhorabuena, Sra. Carson. Nos vemos en Washington».
Isolde le estrechó la mano. Sentía como si por fin estuviera tomando las riendas de su propia vida.
Su mente cambió inmediatamente de marcha. Tenía que organizar la mudanza, decírselo a Effie, vender el piso. Era una máquina, calculando cada variable, imparable una vez que el programa se ponía en marcha.
Una vez finalizada la llamada, Nelson se recostó en su silla. Se volvió hacia su asistente, frunciendo el ceño. «Busca todo lo que puedas encontrar sobre el historial médico reciente de Grayson Lancaster. Hay algo que no me cuadra».
Unos minutos antes, la videollamada con el profesor Nelson estaba llegando a su fin y la tensión en los hombros de Isolde por fin empezaba a aliviarse. Habían pasado la última hora ultimando los detalles de su transición, y la conversación fluía con la naturalidad propia de dos mentes brillantes en sintonía.
«No sé cómo agradecérselo lo suficiente, profesor», dijo Isolde, con sincera gratitud. «Por ofrecerme una salida de este entorno tóxico».
Nelson suspiró, con los ojos nublados por una mezcla de pesar y tristeza. «Isolde, sé que las cosas han sido difíciles entre tú y Grayson. No pretendo entrometerme, pero a veces las cosas no son lo que parecen a simple vista».
La sonrisa de Isolde se desvaneció. Se quedó sentada en silencio, esperando que él le diera un sermón sobre el perdón o la paciencia.
Nelson pareció sumergirse en un recuerdo, y su voz se volvió más baja. «Ese chico, Grayson… nunca volvió a ser el mismo tras el accidente de su mentor».
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Isolde frunció ligeramente el ceño. «¿Su mentor?».
«Sí. El doctor Caspian Finch», dijo Nelson, con una profunda tristeza en el tono. «Un auténtico genio. Era mi mejor amigo. Grayson lo admiraba como a un padre».
El nombre no le decía nada a Isolde. Grayson nunca lo había mencionado, ni una sola vez en todos sus años de matrimonio.
«Hubo un accidente en el laboratorio hace seis años», continuó Nelson. «Finch murió. Fue sospechoso. Mucha gente pensó que se trataba de un sabotaje».
Isolde sintió curiosidad, pero mantuvo una expresión neutra.
«La verdadera tragedia fue el momento en que ocurrió», dijo Nelson, con la voz cargada de emoción. «Se suponía que aquel día iba a ser el más importante de la vida de Finch. Estaba a pocas horas de conseguir una patente que habría cambiado el mundo».
Isolde sintió la obligación cortés de preguntar: «¿Qué día fue?».
Nelson apartó la mirada de la pantalla y consultó un calendario, como si verificara una fecha grabada a fuego en su memoria. «El 12 de noviembre. Hace seis años».
La fecha golpeó a Isolde como un puñetazo. La sangre de sus venas se heló. Su cerebro sufrió un cortocircuito y el zumbido en sus oídos ahogó todo lo demás.
12 de noviembre. Era el día en que la familia Lancaster les había obligado a ella y a Grayson a firmar aquel humillante acuerdo prenupcial.
Era el día en que habían celebrado aquella boda fastuosa y sin alma, la que había ocupado la portada de todas las columnas de sociedad.
Era su aniversario de boda.
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