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Capítulo 139:
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Brian frunció el ceño. Una mala sensación le recorrió la espalda. «¿Quién es?».
«Soy una enfermera del hospital. La señorita Tracy Haynes acaba de desmayarse y su estado no es bueno. Como no hay ningún familiar cerca, hemos tenido que llamarle». Brian apretó el teléfono con más fuerza.
Tras dudar un momento, salió del coche y se dirigió a la habitación de Tracy en el hospital.
Cuando entró, ella seguía tumbada en la cama con los ojos cerrados y muy pálida. Parecía muy frágil.
Se volvió hacia la enfermera y le preguntó: «¿Qué ha pasado?».
«Parece que intentó levantarse sola, pero se derrumbó por el agotamiento. La encontré en el suelo, completamente inconsciente. Señor, en su estado, no debería quedarse solo con ella. Sería mejor que se quedara con ella». Brian estaba a punto de responder cuando su teléfono volvió a vibrar. Esta vez era Yvonne.
«¿Cómo están todos?», preguntó Brian en cuanto se conectó la llamada.
«Rachel se ha hecho daño, pero ahora está estable. Lo siento mucho, es culpa mía que se haya visto envuelta en todo esto».
«¿Es grave? Envíame algunas fotos».
Sin dudarlo, Yvonne le reenvió varias fotos.
A Brian se le encogió el pecho al ver la imagen de Rachel tumbada en la cama, con la cabeza vendada y el rostro pálido y débil. Pero cuando sus ojos se posaron en Tracy, mantuvo la voz firme y le ordenó: «Cuídala bien por mí».
«¿No vas a venir?», preguntó Yvonne, tomada por sorpresa. Rachel estaba gravemente herida, ¿no debería Brian, como su novio, estar allí con ella?
«No puedo ir todavía. Tengo cosas que hacer».
«Está bien». Yvonne apretó los labios y no dijo nada más.
En ese momento, llamaron a la puerta.
Samira y Trey irrumpieron en la habitación con cara de preocupación.
En cuanto vieron a Rachel en la cama, sus expresiones se tensaron. —¿Cómo está? —preguntaron al unísono.
—Está estable, pero necesitará unos días en el hospital para recuperarse por completo.
Trey miró fijamente la cabeza vendada de Rachel, con el rostro nublado por la preocupación. —Es culpa mía por llegar tarde. Si hubiera protegido mejor a Rachel, no habría resultado tan herida.
Samira le dio una palmada tranquilizadora en el hombro. —No digas eso. Ninguno de nosotros quería que esto pasara.
En ese momento, Rachel abrió los ojos.
—No os culpéis. Y, por favor, no le digáis nada a Jeffrey. Solo se preocuparía.
Samira asintió. —Lo sé. No tienes que preocuparte por eso.
—De acuerdo.
Esa noche, Yvonne se quedó en la habitación del hospital con Rachel.
Pasada la medianoche, unos golpes repentinos resonaron en la habitación silenciosa. Suponiendo que era la enfermera que venía a cambiarle el vendaje, Yvonne se levantó para abrir la puerta.
Pero cuando la abrió, se quedó paralizada. Leif estaba allí de pie.
Se le cortó la respiración y, instintivamente, miró detrás de él. La tensión en su rostro era evidente.
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