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Capítulo 138:
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Rachel, todavía en la cama y haciendo muecas de dolor, esbozó una pequeña sonrisa.
«Pica, pero no te preocupes, no me voy a morir ni nada».
«¡Rachel! ¡Esto no es gracioso!».
«No estoy bromeando. Me duele de verdad».
Yvonne se inclinó al instante. «¿Dónde? ¿Llamo a un médico? ¿Quieres que te lo masajee?».
Rachel suspiró. «Solo necesito descansar. Yvonne, ¿qué tal si guardas esas lágrimas y te sientas conmigo?».
Yvonne asintió tan rápido que resultó casi cómico.
Andrés, viendo que por fin se calmaban las cosas, lo tomó como una señal. —Me voy ya.
Rachel se volvió hacia Yvonne y le dijo: —Le debemos mucho a este caballero.
Siguiendo el ejemplo de Rachel, Yvonne anotó su número. «Aquí tiene mi información de contacto. Lo que ha pasado hoy ha sido culpa mía. No se preocupe, asumiré toda la responsabilidad, tanto por el coche como por los gastos médicos que haya tenido que pagar, me aseguraré de compensarle adecuadamente».
Andrés no protestó. Simplemente tomó la tarjeta entre los dedos e hizo un gesto de asentimiento. «Hasta la próxima».
Con eso, se dio la vuelta y se marchó.
Cuando Trey y Samira no pudieron encontrar a Rachel e Yvonne por ninguna parte en el club, supieron que no les quedaba más remedio que llamar a Brian.
En cuanto Brian recibió la llamada, su expresión se ensombreció con preocupación. «¿Qué? ¿Cómo ha podido pasar? Seguid buscándolas y avisadme en cuanto sepáis algo».
Una hora más tarde, Samira volvió a llamar, pero las noticias no eran mejores.
«No dejéis de buscar. Voy para allá», dijo Brian con firmeza, empujando la puerta mientras hablaba.
Pero en cuanto entró, sus ojos se posaron en Tracy, descalza sobre el frío suelo, mirándolo con expresión frágil.
Antes de que pudiera decir una palabra, ella dio un paso hacia él. —Brian, he oído tu llamada. Rachel ha desaparecido y sé que debes de estar muy preocupado. Ve a buscarla. Yo me encuentro mucho mejor, así que no te preocupes por mí. No quiero entorpecerte.
Brian se quedó desconcertado. Se había preparado para darle explicaciones, pero ella se mostró sorprendentemente considerada.
—¿Estás segura de que estás bien? —preguntó él, estudiándola con atención.
Tracy asintió con firmeza, esforzándose por sonreír. —Sí, de verdad. Rachel te necesita más ahora mismo. No te preocupes, yo me las arreglaré.
Sin decir nada más, cogió su abrigo y salió por la puerta. En cuanto se marchó, la calidez de la expresión de Tracy desapareció, sustituida por una mirada indescifrable.
Unos minutos más tarde, Brian estaba sentado en su coche.
Justo cuando iba a arrancar, su teléfono vibró de repente.
Al ver el nombre de Tracy en la pantalla, lo cogió y dijo: «¿Hola?».
Pero en lugar de su voz, oyó una desconocida. «Hola, señor, ¿es usted familiar de Tracy?».
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