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Capítulo 891:
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Lucilla estaba despierta, apoyada en la cama a pesar de su debilidad.
«Señora Bennett, Caden», los saludó.
Caden se detuvo en la puerta, decidiendo no entrar. Lucilla lo miró, recordando sus palabras anteriores, y apretó los puños, con el labio entre los dientes.
Él le había prometido seiscientos mil si podía interpretar de manera convincente el papel de una damisela en apuros, con el objetivo de tocar la fibra sensible de Alicia y avanzar en su relación con ella.
Era un territorio nuevo para Lucilla, pero estaba desesperada por cortar lazos con su familia y, tentada por el dinero, estaba decidida a que funcionara.
Alicia estaba de pie cerca de la ventana, hablando brevemente sobre el estado de Lucilla.
Lucilla parecía ignorarla, levantándose torpemente de la cama y acercándose a Caden.
Dejó caer una bomba. «Caden, todavía soy virgen. Nunca he estado con nadie. Soy más pura que las demás. ¿Lo considerarías?».
Tanto Caden como Alicia se quedaron atónitos.
Caden, visiblemente agitado, espetó: «¿Has perdido el juicio?».
Alicia observó la escena que se desarrollaba, con una leve sonrisa en los labios.
Mientras Caden se acercaba a Alicia, Lucilla le agarró del brazo. —Caden, no somos parientes de sangre, así que ¿cuál es el problema? Te prometo que será nuestro secreto. ¡Solo préstame el dinero y haré lo que me pidas!
Caden se apartó bruscamente, dejando a Lucilla tambaleándose, pero rápidamente le hizo saber que no había querido decir su súplica desesperada.
Caden captó la indirecta de Lucilla y su expresión se suavizó. Miró hacia Alicia. —Mi novia está aquí. ¿De verdad es apropiado decir cosas así?
Lucilla, al darse cuenta de que él seguía el juego, siguió con su papel. —¿Está usted y la señorita Bennett juntos?
Caden permaneció en silencio, cediendo la palabra a Alicia.
Alicia observó el intercambio con expresión neutra. Justo cuando estaba a punto de responder, Caden interrumpió y dijo: «Sí, estamos juntos. De hecho, nos casaremos este año».
Alicia se quedó desconcertada.
Lucilla parecía preocupada y se mordía el labio. «Lo siento, no lo sabía».
Caden no le prestó atención y se acercó para tomar la mano de Alicia.
Sin inmutarse, Lucilla preguntó: «Si las cosas no funcionan, ¿tendré alguna oportunidad?».
El sonido de la puerta al cerrarse fue la única respuesta que recibió. Alicia miró sus dedos entrelazados, acompañándolo en silencio.
En el ascensor, Caden dejó escapar un suspiro de irritación. «Qué pesada».
Alicia se rió.
Caden le acarició el dorso de la mano. «¿Qué es tan gracioso?».
Con un tono juguetón, Alicia dijo: «Sr. Ward, no solo le falta coquetería, sino que su actuación deja mucho que desear».
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