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Capítulo 849:
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«¿Quieres dormir bien esta noche, Alicia? Si es así, estoy dispuesto a llevar esto hasta el final».
Caden no le preguntó a Alicia por sus pensamientos; simplemente le informó de sus intenciones, sin dejarle margen para negarse. Comenzó besando suavemente sus labios, con un tacto suave pero firme, antes de bajar más.
Con los ojos vendados, los sentidos de Alicia se agudizaban, y cada beso encendía un fuego en su interior. Podía sentir el recorrido de sus labios mientras se movían, dejando su respiración errática y su resistencia desapareciendo poco a poco. El calor de su cuerpo se mezcló con los aromas de la habitación, disolviendo los últimos restos de su resistencia.
En una débil protesta, murmuró: «Caden, qué desvergonzado eres».
Una vez que se dejan de lado las inhibiciones, los límites se difuminan. Caden, normalmente reservado y acostumbrado a que los demás acudieran a él, ahora actuó con audacia y decisión. Sobresaltada y abrumada, Alicia se tensó cuando su cabeza se acercó a su abdomen, sus piernas se cerraron instintivamente para detener su avance.
Su voz, áspera por la vergüenza, le advirtió con firmeza: «Caden, ¡no te atrevas!». Su tono era cortante, como si le jurara que se arrepentiría si persistía.
Caden se detuvo ante su advertencia, pareciendo tener en cuenta sus palabras. Sin mediar palabra, desconectó todos los cables de alimentación y dejó la habitación a oscuras.
Fuera, el psicólogo que supervisaba la sesión comprendió rápidamente la situación. Con un gesto sutil, despidió a los observadores, dejando a la pareja a solas.
Caden era intrépido, no temía poner a prueba ningún límite. Desde el momento en que entró, su determinación hacia Alicia había sido clara. Su tacto, suave pero inflexible, exploró mientras hablaba con serena seguridad: «De acuerdo, haré lo que me digas».
Pero Alicia le conocía demasiado bien como para tomarse sus palabras al pie de la letra. Sus sospechas resultaron ciertas cuando Caden continuó con sus acciones a pesar de sus garantías, su determinación inquebrantable.
Caden consiguió abrirle las piernas con facilidad, su fuerza venció sin esfuerzo la resistencia de Alicia.
«¿Por qué tanta prisa? Dije que haría lo que me pidieras», murmuró, moviendo los dedos con precisión.
«Hagamos un chequeo básico».
Antes de que Alicia pudiera procesar sus palabras, Caden ya había completado su examen. Había pasado mucho tiempo desde su último encuentro íntimo, y él hizo una breve pausa, como si contemplara el momento, antes de apartarse de mala gana.
«Los resultados fueron inmediatos», comentó en la penumbra, con un brillo de diversión en la voz.
Enfadada y humillada, Alicia arremetió contra él, dándole patadas en la oscuridad. Caden absorbió sus golpes sin quejarse, sin alterar su actitud tranquila. Su fuerza no era sólo para aparentar; las patadas de Alicia apenas se hicieron notar.
Un leve sonido rompió la tensión cuando Caden se inclinó más cerca, su voz casual pero desarmante.
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