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Capítulo 848:
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«Estoy aquí para tratarte», dijo en voz baja, su voz le provocó un escalofrío.
«Para ayudarte a dormir».
Su mirada se desvió hacia los datos de la pantalla que tenía delante. El ritmo cardíaco de Alicia se había disparado. Caden esbozó una sonrisa de satisfacción.
«Tienes el corazón acelerado. Interesante».
El palpitar de sus sienes se intensificó.
«Encontrarse con un monstruo aceleraría el corazón de cualquiera», murmuró en voz baja. Pero no era sólo miedo. Era Caden, con su encanto diabólico, despertando emociones que ella no podía controlar.
Caden ignoró sus protestas, su comportamiento tranquilo y calculador. Este era su plan. Ella misma se había metido en él. No podía culparle por lo que ocurrió a continuación.
Su voz, suave y magnética, volvió a llenar la habitación.
«Con tu ritmo cardíaco acelerado, es hora de pasar al siguiente paso. ¿Un abrazo, o te beso primero?».
Los puños de Alicia se cerraron.
«No más pasos, Caden», respiró, con la voz quebrada.
«Suéltame. Esto no es un tratamiento legítimo!»
El tono de Caden era casi paciente, como si estuviera explicando algo sencillo.
«¿No te explicaron todo esto antes de que firmaras el formulario, Alicia?».
El corazón de Alicia latía con fuerza en su pecho.
«¡Esto no tiene nada que ver contigo!».
«En principio, no. Pero el tercer hombre que elegiste tuvo que irse, así que yo soy el sustituto».
Mientras hablaba, se inclinó más hacia ella, le cogió la mano y su aliento rozó ligeramente su mejilla. El contacto inesperado le produjo un escalofrío, su garganta se tensó bajo el peso de su proximidad.
Los dedos de Caden se entrelazaron lentamente con los suyos, y sus labios rozaron suavemente los de ella. El leve rastro de su pintalabios era embriagador, despertando una oleada de posesividad en lo más profundo de su ser. Se aventuró más allá, reclamando lo que siempre había considerado suyo.
Caden no tenía prisa. Se apartó ligeramente entre beso y beso, con voz suave pero autoritaria.
«Antes de continuar con el tratamiento, permíteme recordarte los pasos. Primero, las carreras cardíacas. Luego, los besos, seguidos de los preliminares y, por último…». Hizo una pausa deliberada, con sus palabras inacabadas flotando en el aire cargado entre ellos.
El corazón de Alicia martilleaba en su pecho, sus labios apretados en silencio.
Caden bajó la voz y sus palabras la rozaron como una suave caricia.
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