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Capítulo 664:
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Le preguntó a la chica: «¿Cuántos años tienes?».
La chica, aparentando franqueza y sinceridad, contestó: «Tengo dieciséis, señor».
«¿Sólo dieciséis y fuera tan tarde? ¿Qué clase de persona responsable te haría salir a estas horas?».
La chica se defendió rápidamente: «Señor, es mi novio y es un buen chico».
Caden se mofó: «¿Un buen chico te invita a salir en mitad de la noche? Hoy se atreve a besarte, y mañana podría hacer más. ¿Qué clase de compromiso puede ofrecer un chico de dieciséis años? Cuando consiga lo que quiere, se irá».
El chico se puso a la defensiva y dijo: «¡Eso no es cierto!».
Caden ignoró las protestas del chico y echó dos monedas en la máquina.
Con precisión, cogió rápidamente dos juguetes.
Los levantó con cara de disgusto.
«¿Usas estos trucos baratos para ganártela y hacer exigencias?».
El chico murmuró en voz baja: «¿Qué le pasa a este borracho? ¿Por qué se mete en nuestros asuntos?».
Sin encontrar manera de contraatacar, el chico se llevó a la chica.
Caden volvió a jugar, introduciendo dos monedas más.
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Mientras la garra se movía a su posición, una voz interrumpió: «Me gustaría ese dinosaurio».
Caden ya había pulsado el botón.
Sus movimientos fueron rápidos, y mientras la garra temblaba ligeramente, agarró el dinosaurio y lo dejó caer con éxito.
Hubo un breve silencio.
Caden se dio la vuelta.
Alicia estaba allí de pie, con el pelo largo suelto, resaltando sus delicados rasgos.
Llevaba una sudadera negra informal, holgada y cómoda.
Sus pestañas parecían húmedas.
Su presencia desprendía un aroma fresco, como la tierra después de una lluvia ligera, que llenaba los sentidos de Caden.
Los latidos de su corazón se aceleraron.
En ese instante, se sintió más alerta.
Se rindió y cogió el dinosaurio de peluche.
El pequeño juguete verde se posó en su gran mano, pareciendo casi insignificante.
Alicia lo cogió y dijo: «Gracias».
Caden retiró la mano bruscamente.
Con voz severa, dijo: «Esto no es para ti».
Alicia lo miró, sorprendida por su respuesta.
A pesar de su afán momentos antes, se aferraba obstinadamente a su vista, decidido a conservar cierto sentido de la dignidad.
Retiró la mano.
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