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Capítulo 665:
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«Si no es por mí, ¿entonces por quién? Esa niña a la que intentabas impresionar?».
Caden confirmó su sospecha y respondió: «Sí».
Alicia rió por lo bajo.
Señaló una esquina cercana y dijo: «Demasiado tarde. Está ocupada besando a su novio y no tiene tiempo para ti».
Caden miró despreocupadamente en esa dirección, su rostro mostraba un atisbo de decepción.
«Si yo tuviera una hija y se escapara para besar a un chico tan joven, me pondría furiosa».
A Alicia se le estrujó un poco el corazón.
Imaginaba un futuro en el que tuvieran una hija juntos, una niña que sería el centro de su mundo y a la que querrían para siempre.
Pero la realidad era clara.
Caden a menudo se refugiaba en el silencio cuando se enfrentaba a problemas.
¿Llegarían algún día a tener un hijo?
Alicia bajó la mirada, abrió el paraguas y dijo: «Bueno, le deseo una feliz vida familiar, señor Ward. Asegúrese de invitarme a su boda».
Caden la miró bruscamente.
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¿Con quién iba a casarse sino con esta mujer que sólo sabía provocarle?
Alicia ya se alejaba.
El rostro de Caden se agrió, pero permaneció en silencio, colocando el pequeño dinosaurio dentro de su abrigo para mantenerlo seco mientras se apresuraba tras ella.
Alicia había conducido hasta el lugar y, sin preguntar, Caden subió al coche.
En mitad de la noche, Alicia no tenía ganas de discutir, así que no le pidió que se marchara, ni inició conversación alguna.
Caden se sentó en el asiento trasero, observando en silencio su perfil.
El silencio se hizo pesado, haciendo que Caden se retorciera incómodo.
Dijo: «Pásame un pañuelo».
Alicia apretó los labios pero le entregó uno.
Poco después, él dijo: «Necesito agua». Alicia le pasó una botella de agua.
Él desenroscó el tapón, bebió un sorbo y se la devolvió.
Segundos después, pidió: «Otro sorbo, por favor».
Alicia no pudo aguantar más su paciencia. Se detuvo, se volvió hacia él y le preguntó: «¿Qué quieres realmente?».
La expresión de Caden era inexpresiva.
«Agua».
«Agua, ¿de verdad?» exclamó Alicia.
«¿Por qué no te sientas delante?».
Caden respondió rotundamente: «No, está sucio».
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