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Capítulo 5:
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Entonces sus ojos la encontraron. Parecía tan pequeña allí de pie. Frágil, incluso. Sus largas pestañas temblaban, su miedo era evidente en cada movimiento. Algo en su vulnerabilidad pareció despertar algo tenue en él.
—Levanta la vista —dijo, con voz baja pero firme.
Kayla se agarró el vestido con los puños cerrados. Se mordió el labio antes de levantar lentamente la mirada.
Sus ojos se encontraron. Su expresión no delataba nada. —¿Por qué estás aquí?
«Me he perdido», susurró ella. «No era mi intención interrumpir nada».
«¿Perdida?», preguntó él con tono gélido. «¿O te ha enviado Liam a husmear?».
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«¡No! ¡Por supuesto que no! ¡Lo juro!». Levantó la mano como si estuviera prestando juramento, pero la mirada de él permaneció fría, impasible.
Afortunadamente, no insistió en el tema. Con un gesto de la mano, indicó a los guardias que la dejaran marchar.
El alivio la invadió, pero solo logró dar unos pasos temblorosos antes de que el estómago se le retorciera violentamente. Las náuseas surgieron de la nada.
Divisó una papelera cerca de su chaise longue y corrió hacia ella. Pero perdió el equilibrio: resbaló, no alcanzó el borde y cayó de bruces contra él, desplomándose en sus brazos mientras vomitaba.
Increíble.
Los guardaespaldas se sobresaltaron y se apresuraron a acercarse, dispuestos a apartarla de él sin dudarlo.
El rostro de Jeremy se ensombreció. Levantó una mano, deteniéndolos.
Kayla tuvo unos cuantos arcadas más contra su pecho antes de que la oleada de náuseas pasara. Por suerte, no vomitó nada; solo fueron arcadas en seco.
Él la apartó, con la mandíbula apretada.
—¿Te ha enviado Liam para seducirme? —Su voz era cortante, teñida de hielo y de una furia apenas contenida.
Kayla cayó al suelo, desorientada, y parpadeó mirándolo. —No me encontraba bien. Lo siento. No me culparás, ¿verdad? Somos familia.
Jeremy frunció el ceño. Esta mujer era astuta: sabía cómo sacar partido de la situación.
La luz cambió, iluminando su rostro por completo. Parecía pálida y asustada.
—Me voy ya —murmuró, empezando a levantarse—. Adiós, Jeremy.
Pero no había avanzado mucho cuando su mano se cerró alrededor de su muñeca.
Sus ojos se clavaron de nuevo en los de ella: penetrantes, sin pestañear, como si pudiera ver más allá de su exterior tembloroso.
A Kayla se le oprimió el pecho. ¿Lo sabía? ¿Había visto su rostro aquella noche?
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