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Capítulo 1166:
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Una furia oscura y gélida se encendió en los ojos de Javier. Golpeó la mesa con el puño y se puso de pie de un salto. «¡Idiotas inútiles!».
Javier se acercó a la ventana y miró fijamente la niebla que se arremolinaba. Más allá del cristal, solo el lejano resplandor de los faros atravesaba la bruma.
Sus dedos tamborileaban contra su reloj, rápidos y desiguales.
Algo no estaba bien, una advertencia le recorría la espalda, pero su ira le impedía ver con claridad.
«Sellad todas las salidas. Lanzad los drones», gritó, pasando a la acción, decidido a tomar el control él mismo.
Se dio la vuelta, justo cuando el «agente» se enderezó bruscamente, sin temblores, sustituidos por una sonrisa escalofriante.
Javier contuvo el aliento y sus ojos se llenaron de comprensión.
Pero ya era demasiado tarde.
Una voz familiar, gélida e inflexible, atravesó el caos. «Sr. Shaw, cuánto tiempo sin verle».
Antes de que Javier pudiera procesar completamente la amenaza, un golpe seco le alcanzó en el lado del cuello. Tropiezo y se estrelló contra la maraña de monitores de vigilancia.
Las chispas brotaron de las pantallas destrozadas, iluminando brevemente el rostro del hombre.
La sangre le manchaba el rostro, pero Javier reconoció esos ojos penetrantes al instante.
No era otro que Rodger.
«¡Tú!». La rabia y la incredulidad se reflejaron en la expresión de Javier, pero una oleada de náuseas casi lo hizo caer de rodillas.
Rodger le agarró la muñeca con fuerza, apretando tan fuerte que Javier sintió que los huesos se le trituraban.
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Con la mano libre, Rodger le arrancó la pistola de la funda a Javier y le apretó el cañón con fuerza contra la sien.
« «No te muevas». Las palabras de Rodger eran gélidas, cada una de ellas prometía violencia. «A menos que quieras que este lugar sea tu tumba».
Javier apretó la mandíbula, la fuerza para luchar se le escapaba mientras un frío temor se apoderaba de su pecho.
Miró fijamente a los ojos de Rodger cuando finalmente comprendió la verdad.
Le habían engañado.
El «Rodger» al que habían pasado días persiguiendo no era más que un cebo.
«¿De verdad pensabas que caería en tu trampa a ciegas?». Una risa hueca salió de la garganta de Rodger, con la mirada indescifrable. «¿Intentaste secuestrar a mi esposa y perseguir a mi equipo? Javier, o eres audaz o simplemente estúpido».
El color desapareció del rostro de Javier, pero logró esbozar una sonrisa frágil. «No puedes salir. Este lugar está lleno de mis hombres».
Rodger arqueó una ceja en una orden silenciosa mientras tocaba su auricular. —Craig, cierra el cerco.
Se oyeron disparos en el exterior, acompañados de gritos frenéticos.
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