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Capítulo 39:
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Si ella realmente le importaba, ¿por qué había guardado silencio durante tanto tiempo? Su mente se decantó por la única explicación que tenía sentido: ella había dedicado siete años a amarlo y, ahora que se había ido, tal vez él simplemente no sabía cómo adaptarse a su ausencia.
Ese pensamiento le arrancó una risa hueca y dolorosa.
Se oyeron pasos en la puerta.
Kristine giró la cabeza lentamente. La cerradura hizo clic, la puerta se abrió de par en par y la alta silueta de Colton llenó el umbral.
El alivio se reflejó en su rostro en el instante en que la vio, pero rápidamente dio paso a la ira.
—¿Te lo has pasado bien, Kristine? —preguntó, con voz gélida y controlada.
En lugar de sentirse preocupada, ella encontró cierta ironía en su frustración. Él simplemente no se atrevía a alejarse de alguien que había pasado años dedicándose a él.
—Bien hecho —respondió Kristine con tono monótono—. Me has localizado. ¿Y ahora qué? ¿Piensas volver a retenerme en la villa, o tienes algún sitio nuevo en mente?
Una línea fina y dura sustituyó cualquier resto de calidez en su rostro. Su sarcasmo le sacaba de quicio. Pero al recordar los años que ella había pasado soportando culpas injustificadas, se obligó a suavizar el tono.
—Mi casa sigue siendo mejor que este lugar.
—Aquí es donde realmente me siento en paz —dijo Kristine con serenidad—. Al menos aquí tengo algo de libertad.
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Se extendió un breve silencio entre ellos.
—Nos vamos —dijo Colton.
Sin protestar, Kristine se levantó y esbozó una leve sonrisa mientras se dirigía hacia la puerta. Colton le tomó la mano fría, y el frío se le metió también a él. Uno al lado del otro, bajaron la escalera.
El pequeño grupo que se había reunido para mirar se dispersó lentamente, con desconcierto en sus ojos. Los rumores siempre habían pintado a Kristine como la que se aferraba a Colton, pero la verdad parecía contar una historia muy diferente.
Al otro lado de la ciudad, en el hospital, los sollozos de Mackenzie le impedían apenas abrir los ojos.
—Elyse, tienes que hacer algo. Lo único que hice fue llamar la atención a Kristine en el restaurante, y ahora Colton está decidido a destruir a mi familia.
El acuerdo parecía sencillo: una vez que encontraran a Kristine, se suponía que la presión sobre la familia Reed terminaría. Sin embargo, Colton había abandonado por completo esa promesa, y las amenazas no habían hecho más que intensificarse. Con sus finanzas ya agotadas, los Reed se enfrentaban a la posibilidad real de que no aguantarían mucho más.
Los gritos desesperados de Mackenzie nunca llegaron a Elyse.
Elyse estaba viendo la retransmisión televisiva, viendo cómo Mackenzie declaraba públicamente que nunca había habido nada entre ella y Colton. Esas palabras la llevaron al límite.
Tonta. Tonta. Qué tonta tan grande.
Sin previo aviso, Elyse comenzó a toser violentamente, con sangre manchándole los labios.
Kristine seguía a Colton mientras regresaban a la villa y, sin detenerse, subió directamente las escaleras hacia el segundo piso. Sus pasos transmitían el vacío de alguien que ya había perdido todo rastro de sí misma.
Desde abajo, Colton la miraba de espaldas, frunciendo lentamente el ceño.
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