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Capítulo 72:
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En algún momento había albergado la ingenua esperanza de que el corazón de Noah fuera simplemente inalcanzable, de que tal vez su amor fuera algo que pudiera ganarse con perseverancia y sacrificio.
Pero ahora, la verdad era dolorosamente clara: su gélida indiferencia y su crueldad calculada estaban dirigidas únicamente hacia ella.
En contraste, su comportamiento hacia Kyla era tierno y considerado; incluso estaba dispuesto a sacrificarla por la felicidad de Kyla.
Esta revelación destrozó su último vestigio de esperanza, como un frágil cristal barrido por vientos implacables.
Con un profundo suspiro, Sadie cerró los ojos, y sus pestañas temblaron al ocultar la desesperación que brotaba en su interior.
Bueno, déjalo estar.
Era hora de dejarlo ir.
Sus dedos, fríos y temblorosos, acariciaron con ternura su abdomen plano, conectando con los débiles pero decididos latidos del corazón que latía en su interior, una pequeña vida que luchaba por florecer contra todo pronóstico.
—Cariño —murmuró con suave determinación—. Tu padre no nos quiere, pero nos tenemos el uno al otro. Juntos lo conseguiremos.
Cuando Sadie volvió a levantar la mirada, sus ojos no reflejaban más que una determinación férrea.
—¿Y qué si no estuvo allí para salvarme? He sobrevivido, ¿no? No es tan importante para mí.
La expresión de Kyla se transformó en un instante, y el maquillaje que se había aplicado meticulosamente no logró ocultar el brillo depredador de sus ojos.
Sus planes cuidadosamente trazados se desmoronaban ante ella.
Fijándose en el vientre de Sadie, oculto solo por una fina colcha, Kyla parecía buscar un atisbo de su mayor temor cobrando vida bajo la tela.
El aire se densificó con la tensión cuando Sadie captó la intención letal que brillaba en la mirada de Kyla. Sus defensas se levantaron instintivamente.
Ya lo sabía: Kyla no iba a rendirse tan fácilmente. Fingiendo vulnerabilidad, Sadie dejó caer los ojos con tristeza y las lágrimas comenzaron a brotar, dejando un rastro húmedo en sus mejillas.
—Pero fue por él que perdí al bebé. Su hijo se ha ido. Quizás esto sea su castigo —murmuró, con una voz que mezclaba el dolor y la manipulación, dejando hábilmente sus palabras abiertas a la interpretación de Kyla.
—¿El niño… ha muerto? —La voz de Kyla se quebró, con una mezcla de incredulidad y repentina euforia en el tono, mientras volvía a centrar su atención en Sadie, buscando confirmación en su rostro.
Sadie no respondió, dejando que las lágrimas silenciosas se acumularan y cayeran, dejando rastros húmedos en su nariz.
Mostraba una imagen de devastación total.
Mientras Kyla observaba el colapso de Sadie, una sombra de duda ensombreció su triunfo.
Sadie siempre había mostrado una fachada de dureza en su presencia.
¿Desde cuándo se había vuelto tan visiblemente vulnerable?
Sin embargo, Kyla rápidamente apartó ese destello de duda.
Sadie, una tonta patética. ¿Qué clase de planes podría idear?
Tenía a Sadie calada: tonta como una piedra y doblemente terca. Sin duda, si Sadie hubiera estado fingiendo debilidad, no habría sido tan derrotada en la rivalidad que se había gestado entre ellas. Al darse cuenta de esto, Kyla sintió como si le hubieran quitado un peso de encima, un suspiro liberador después de contener la respiración. ¿Qué importaba si Sadie sobrevivía?
La niña estaba muerta y el divorcio se cernía en el horizonte como un amanecer inevitable.
Reprimiendo una sonrisa victoriosa, Kyla inhaló bruscamente, con la alegría burbujeando justo debajo de la superficie, pero su exterior seguía siendo una máscara de preocupación. —Sadie, no te lo tomes tan mal —murmuró con voz suave mientras envolvía los dedos de Sadie con los suyos—. Esta pérdida no significa que no vayas a ser madre otra vez.
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