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Capítulo 71:
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Unos instantes después, la puerta volvió a abrirse con un chirrido.
Kyla entró, con una presencia similar a una suave brisa, llevando una cesta repleta de fruta fresca. Una sonrisa, teñida de preocupación, se dibujó en sus labios.
—¿Ya está? —murmuró Sadie, con los ojos aún cerrados por el sordo dolor en las sienes, confundiendo a Kyla con Alex.
—¿Qué está ya? —La voz de Kyla flotó suavemente, teñida de confusión.
Sadie abrió los ojos de golpe y vio a Kyla de pie junto a su cama, con una expresión inquietantemente dulce mientras sostenía una cesta de fruta.
—¿Qué demonios haces aquí? —La voz de Sadie era gélida, con el ceño fruncido por la sospecha.
Imperturbable, Kyla se sentó en el borde del colchón y dejó la cesta con delicadeza sobre la mesa cercana.
—He venido a verte —respondió con un tono que rebosaba de fingida preocupación, lo que no hizo más que aumentar la inquietud de Sadie.
Sadie no le había contado a nadie lo del accidente de coche. ¿Cómo demonios se había enterado Kyla?
Sus dedos se crisparon bajo la colcha, cerrándose en un puño.
¿Podría Kyla haber orquestado el accidente?
La risa ligera y siniestra de Kyla rompió la tensión. —Cuando llamaste a Noah para pedirle ayuda, ¿adivina qué? Yo estaba allí con él. Estaba demasiado ocupado cuidando de mí como para hablar contigo. —La revelación golpeó a Sadie como una ola fría.
Kyla había estado con Noah cuando ella lo había llamado desesperadamente para pedirle ayuda.
Un escalofrío de miedo recorrió la espalda de Sadie al comprender el significado de las palabras de Kyla, que la heló hasta los huesos.
En su momento más oscuro, cuando más necesitaba ayuda, Noah le había dado la espalda, todo por Kyla.
La amarga verdad la atormentaba mientras Sadie se encontraba mirando la puerta de la habitación del hospital, deseando tontamente que Noah viniera.
—No pierdas el tiempo buscando —comentó Kyla, con un tono de risa sin alegría. Se llevó la mano a la boca con indiferencia, con una sonrisa burlona en los labios—. Noah tuvo que volver corriendo a la empresa por un asunto urgente.
Las palabras atravesaron el corazón de Sadie, extendiendo un dolor frío y entumecedor por todo su cuerpo.
Sin embargo, bajo su apariencia serena, Kyla estaba lejos de la figura triunfante que aparentaba.
En cuanto se estabilizó su estado, Noah se apresuró a volver a sus responsabilidades, sin dedicarle ni un momento más.
¿Por qué? ¿Por qué la indiferencia de Noah le dolía tanto?
Mientras Kyla reflexionaba sobre su fría indiferencia, una oleada de decepción y amargura amenazaba con abrumarla. Pero no podía dejar que Sadie viera su debilidad.
Manteniendo su apariencia serena, Kyla arqueó una ceja y habló con fingida indiferencia. —Sabes, le conté a Noah lo de tu embarazo y le insistí en que viniera a verte. Pero se negó. Prefirió quedarse conmigo.
Cogió una manzana y comenzó a pelarla con el cuchillo, con la mirada fija en el rostro pálido de Sadie.
—Verás, Sadie, a sus ojos, tú y tu hijo no valéis tanto como yo.
Su tono era suave, casi tierno, pero cada palabra cortaba el aire, afilada y despiadada.
Mientras Sadie observaba la sonrisa de satisfacción de Kyla, un escalofrío de terror le recorrió el corazón.
Así que Noah ya sabía que estaba embarazada.
Lo había sabido todo el tiempo y había permitido sin piedad que ella muriera en ese trágico accidente de coche.
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