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Capítulo 70:
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Se detuvo, como si tuviera algo más que decir. «Noah debe de estar ocupado con algo urgente; no le des más vueltas».
«No tienes por qué cubrirle», dijo Sadie, negando con la cabeza suavemente para rechazar su excusa y cerrando los ojos una vez más.
Ella había tendido la mano a Noah, pero en su momento más desesperado, él había elegido a Kyla. El dolor de darse cuenta de eso era más agudo que cualquier herida física.
Un momento de pánico se apoderó de ella mientras se palpaba con cuidado el abdomen. —Gracias por salvarme —murmuró con voz temblorosa—. ¿Mi bebé está…?
La idea de que le hubiera pasado algo a su hijo era insoportable, y el peso de la culpa potencial como madre le oprimía el alma.
Alex se inclinó hacia ella, con los ojos llenos de preocupación, y la tranquilizó con delicadeza. —Afortunadamente, tu bebé no ha sufrido daños graves, pero tu embarazo es algo delicado en estos momentos. Te han recetado medicación para estabilizarlo. El médico ha dicho que con unos días de reposo en cama debería recuperarse.
Sadie exhaló y sus hombros se relajaron al sentir que el peso de la preocupación se aliviaba ligeramente.
El bebé estaba a salvo, eso era lo único que importaba.
Cuando abrió la boca para expresar su gratitud, el repentino sonido del teléfono de Alex la interrumpió.
Él respondió rápidamente, con el rostro contorsionado por la preocupación y las cejas fruncidas en una mezcla de confusión y frustración a medida que avanzaba la conversación.
Sintiendo un nudo en el estómago, Sadie lo observó atentamente, intuyendo la gravedad de la llamada.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, incapaz de contener su ansiedad.
Después de terminar la llamada, Alex se volvió hacia ella, con la voz cargada de inquietud. —Parece que el accidente fue algo más que mala suerte. El coche autónomo que te golpeó mostraba claros signos de manipulación externa. Alguien hackeó su sistema, provocando que se desviara de su trayectoria en el cruce y chocara contra tu coche.
Hizo una pausa para que ella asimilara las palabras, intensificando la mirada mientras estudiaba la reacción de Sadie. —Parece que no ha sido un simple accidente, Sadie. Ha sido planeado.
—¿Planeado? —repitió Sadie, con un hilo de voz que apenas se oía, mientras un escalofrío le recorría la espalda.
Primero, el inquietante incidente con Laura, que estuvo a punto de ser catastrófico, y ahora esto. Alguien la estaba persiguiendo claramente. Pero la pregunta inquietante seguía sin respuesta.
¿Quién demonios iría tan lejos solo para hacerle daño?
El miedo se apoderó del corazón de Sadie, envolviendo todo su ser en un abrazo helado. —¿Quién es el hacker? ¿Lo han averiguado ya? —Su voz temblaba, apenas ocultando el pánico que la invadía.
Alex exhaló profundamente, el peso de la situación se reflejaba en sus hombros caídos. —Seguimos investigando, Sadie, pero es como perseguir sombras. Aún no hay nada concreto. —Se frotó el puente de la nariz con frustración.
Un pesado silencio llenó la habitación del hospital.
Los dedos inquietos de Sadie se posaron en su vientre, siguiendo el débil y tranquilizador latido del pequeño corazón que latía en su interior. La realidad de su embarazo, su frágil secreto, la ponía aún más nerviosa.
Había sido un milagro que tanto ella como el bebé hubieran salido ilesos del terrible accidente de coche. Con tanto en juego, decidió mantener su embarazo en secreto, por miedo a que lo utilizaran en su contra.
Volviendo sus ojos sinceros y preocupados hacia Alex, le hizo una petición audaz. —Alex, ¿podrías hacer algo por mí? ¿Puedes cambiar mi historial médico para que parezca que he tenido un aborto espontáneo? —Su mirada era decidida, en marcado contraste con la fragilidad de su estado.
Alex se detuvo, considerando la gravedad de sus palabras, y luego asintió lentamente. —Me encargaré de ello, no te preocupes —le aseguró con voz firme.
Se levantó y su alta figura atravesó la tensión que aún se respiraba en la habitación al salir.
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