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Capítulo 69:
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Ahora, en este amasijo en llamas, él era su única esperanza.
Cada tono parecía durar una eternidad, y el silencio era más ensordecedor que las llamas. El coche se consumía lentamente por el fuego y el humo la asfixiaba. Se estaba acabando el tiempo.
Sadie volvió a marcar, con el pánico apretándole el pecho. Cada tono era como una puñalada en el corazón. El pulso se le aceleró y sus pensamientos se volvieron frenéticos. Por favor, contesta.
Por fin, la llamada se conectó.
—¿En serio? ¿No puedes dejarme en paz? —la voz fría e impaciente de Noah resonó con dureza.
Antes de que Sadie pudiera hablar, Noah continuó, con tono seco: —Kyla está en estado crítico. No tengo tiempo para esto. Si tienes algo que decir, espera.
—Me estoy muriendo, Noah… —La voz de Sadie era apenas un susurro, débil y tensa—. Por todo lo que fuimos, por favor, sálvame…
El humo llenó los pulmones de Sadie, un dolor ardiente que le nubló la vista y hizo que todo a su alrededor se desvaneciera en una neblina. Agarró el teléfono con fuerza, aferrándose a él como si fuera su último hilo de esperanza.
Noah frunció el ceño al oír la desesperación en la voz de Sadie. —¿Qué está pasando, Sadie?
Las palabras de Sadie sonaban huecas y distantes, y Noah sintió una punzada de preocupación. Pero antes de que pudiera insistir, Kyla jadeó de repente, tosiendo violentamente, e intentó arrancarse la máscara de oxígeno de la cara.
—¡Kyla! —gritó Noah, con tono urgente. Rápidamente le agarró las manos e intentó calmarla—. No pasa nada. Estoy aquí. Respira.
Noah volvió la cabeza hacia el teléfono, con voz aguda y fría—. No podemos dejar sola a Kyla. Sadie, basta ya de juegos infantiles.
La palabra «infantiles» resonó, apretando un puño invisible alrededor del corazón de Sadie, y el dolor casi la asfixió. No encontró palabras para responder mientras luchaba por responder.
Entonces, con un pitido seco, la línea se cortó. El implacable tono de ocupado martilleaba los oídos de Sadie, cada tono hundiéndose más profundamente en su menguante esperanza.
Bajó la mirada. Estaba completamente destrozada, y el teléfono se le resbaló entre los dedos temblorosos. Aunque estuviera exhalando su último aliento, nunca ocuparía un lugar en el corazón de Noah como lo hacía Kyla.
¿Cómo podía ser tan cruel? Después de todos estos años, Sadie se dio cuenta de que su amor había sido trágicamente malinterpretado.
Mientras su conciencia comenzaba a desvanecerse, una silueta se precipitó hacia ella a través de las llamas que la rodeaban.
—¡Sadie! —La voz, urgente y cargada de profunda preocupación, atravesó el caos.
Sadie cerró los ojos.
Cuando recuperó la conciencia, se encontró tumbada en una cama de hospital. Al abrir los ojos, Sadie se encontró con la blancura deslumbrante del techo, y el olor acre del desinfectante le invadió las fosas nasales.
Intentó cambiar de posición, pero un agudo dolor en las heridas la hizo hacer una mueca de dolor.
—Quédese quieta. Está conectada a un gotero. —Una voz rígida e inquieta rompió el silencio a su lado.
Al volverse hacia el origen de la voz, Sadie vio a Alex. Tenía las puntas del pelo quemadas, la cara manchada de suciedad y el cuello de la camisa chamuscado.
No había duda: había atravesado el infierno por ella. Una oleada de calor inundó el corazón de Sadie al darse cuenta.
—Has venido a por mí, ¿verdad? —preguntó con voz llena de certeza.
Al percibir un destello de decepción en sus ojos, Alex asintió con voz suave. —Sí, lo he hecho.
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