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Capítulo 1542:
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Sus labios eran carnosos y sus ojos brillaban con picardía mientras lo miraba.
«¿Quieres seguir?», susurró ella.
Ellis respiraba con dificultad, su pecho se elevaba bajo una camisa que se había arrugado en su prisa. Por una vez, la calma de su mirada fue sustituida por una chispa de deseo. No perdió el tiempo. La tomó en sus brazos y la llevó al dormitorio.
Ella se tumbó en la cama, con el pulso acelerado por la expectación, mientras Ellis se quitaba las gafas con facilidad. Se inclinó sobre ella y le robó otro beso.
Ahora no había nada de delicadeza en él. Reclamó su boca, abriendo sus labios, provocando su lengua y explorando cada rincón hasta que ella apenas podía respirar. El beso tenía tanto calor como ternura, era salvaje y dulce a la vez. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en los labios de Charlette. Esta era la pasión que había estado anhelando.
Le desabrochó los botones, uno a uno, deslizando la camisa por sus hombros y revelando las líneas suaves y esculpidas de su cuerpo.
Adoraba cada parte de él. Con la ropa puesta, Ellis siempre parecía reservado e intocable, pero desnudo, era pura fuerza.
Cuando Ellis llevaba esa camisa blanca impecable y esas gafas, parecía tan intocable, casi como si nadie pudiera acercársele. Todo en él daba la sensación de que pertenecía a un lugar muy por encima de los demás. Sin embargo, desnudo, con sus músculos reflejando la luz, parecía transformado; esa máscara fría y distante se desvanecía. Una oleada de excitación la invadió. Estar con él así era como arrancar una estrella del cielo y sostenerla en sus manos.
Charlette recorrió con los dedos sus abdominales, atrayéndolo hacia ella y desafiándolo a perderse en ella.
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Ellis respondió a su invitación sin dudarlo ni un instante.
Se rindió, olvidando toda moderación mientras se movía con fuerza bruta. El sudor perlaba su frente mientras toda su atención se centraba en ella.
En momentos como estos, Ellis nunca decía una palabra. Se quedaba en silencio, sin pronunciar palabras bonitas, y Charlette se dio cuenta de que le encantaba aún más su intensa tranquilidad.
Cada vez que oía su respiración volverse más pesada, algo se agitaba en su interior. La forma en que su mirada ardía de deseo la hacía sentir completamente vista. Se llenó de una profunda satisfacción que le pareció más poderosa que cualquier liberación física.
Un suave suspiro escapó de sus labios mientras cerraba los ojos, permitiéndose fundirse en el placer.
Ellis la envolvió en sus brazos, y su ritmo se volvió repentinamente salvaje. Una docena de embestidas más tarde, se tensó contra ella, rindiéndose al calor entre ellos.
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