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Capítulo 222:
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Austin dijo: «Te he visto aquí con tu marido más de una vez últimamente. Recuerdo cada una de ellas. E incluso cuando tú estabas muy ocupada, él aún así se hacía tiempo para venir a verme».
Algo en el tono afectuoso de Austin la incomodaba. Especialmente cuando se trataba de Julian. No había forma de explicar lo que realmente existía entre ella y Julian, no sin desentrañarlo todo.
—Se está haciendo tarde, Austin —dijo ella con suavidad—. Cierra los ojos e intenta dormir.
Se le formó un pequeño puchero en los labios mientras la miraba. —Pero he estado durmiendo todo el día.
Hubo una ligera vacilación antes de que añadiera, casi con miedo: «No te vas a marchar esta noche, ¿verdad?».
«No. Me quedo», respondió Katherine con una sonrisa suave.
Él soltó un suspiro y se acurrucó más cerca, apoyando la mejilla contra su mano con una confianza infantil.
En el momento en que sus dedos rozaron su delgada mejilla, algo pesado se le alojó en el pecho. Con un atisbo de tristeza en la voz, dijo: « De verdad que tienes que comer más de lo que comes».
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Dentro del coche, Julian encendió un cigarrillo.
No había sido una discusión en toda regla con Katherine, pero el peso de su intercambio lo inquietaba mucho más que cualquier pelea a gritos. Incluso sumido en el trabajo, su mente se negaba a concentrarse: el rostro ceniciento de ella y sus ojos enrojecidos por el llanto no dejaban de aparecer ante él como un eco cruel.
Una y otra vez, sus propias palabras duras resonaban en sus oídos. «Siempre venías cuando te llamaba. ¿Cómo puede ser eso culpa mía?». Esas palabras por sí solas podían destrozar a cualquiera.
Durante tres largos años, entre penurias y silencio, Katherine nunca había expresado una sola queja. Su silenciosa resistencia siempre había sido su fortaleza. Cada concesión que había hecho había surgido del amor, y él había convertido ese amor en munición. ¿Qué oscuridad le había llevado a decir algo tan venenoso?
No era ajeno a la distancia emocional, especialmente cuando se trataba de mujeres, y sobre todo de Katherine. Pero al enterarse por Cayson de que su coche se había averiado y que había caminado todo el camino a casa bajo la nieve que caía, esa noticia lo dejó atónito. Sintió lástima por ella.
En aquel entonces, cuando su propio coche se averió de camino a casa, el frío se le había metido en los huesos mientras permanecía sentado, impotente, en el vehículo. ¿Cuánto más difícil debía de haber sido para Katherine arrastrarse por la nieve solo para llegar a casa?
Desde el asiento del conductor, Cayson lanzó una mirada cautelosa hacia Julian, que estaba encendiendo otro cigarrillo. —Señor, si prefiere no subir, puedo ir yo mismo a ver cómo está.
En la parte trasera, Julian estaba recostado, con el cigarrillo colgando entre los dedos, aún sin encender. Tenía la mirada fija en una ventana concreta del pabellón de hospitalización. Acababa de ver a Katherine asomarse por ese cristal.
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