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Capítulo 417:
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Jarrod cogió la carpeta y la hojeó. En cuanto sus ojos se posaron en el contenido, su expresión se ensombreció. Dentro había un contrato matrimonial, para él y Sylvia.
Con un movimiento brusco, Jarrod devolvió el documento a la mesa y clavó su gélida mirada en Devyn.
«¿Qué se supone que significa esto?».
Devyn mantuvo su sonrisa cortés, pero había un destello de satisfacción en sus ojos. Habló sin prisas.
«El Sr. Payne conoce bien su historia con la Srta. Payne. Este acuerdo es una oferta generosa. Si lo acepta, nuestra colaboración será perfecta. Cuando el Sr. Payne llegue a Tofral, usted y él formarán un equipo excelente».
Jarrod soltó una risa fría y cruzó los brazos.
—¿Y qué le hace pensar que me casaría con una mujer que me traicionó?
Devyn ladeó ligeramente la cabeza, con una chispa de diversión en los ojos.
—El señor Payne cree que, conociéndole, aceptará. Pero incluso si no lo hace, el matrimonio de la señorita Payne seguirá cumpliendo su propósito. En cualquier caso, mi viaje aquí no habrá sido en vano.
Jarrod frunció el ceño mientras reflexionaba sobre la situación. Las tácticas de Damir eran despiadadas. Esta inesperada propuesta de matrimonio había dejado a Jarrod sin muchas opciones.
Adiós a los rumores sobre Damir mimando a su hermana. No eran más que mentiras.
Finalmente, Jarrod levantó la mirada y se encontró con los ojos de Devyn. Su voz era fría como el hielo.
—El señor Payne sin duda tiene talento para la estrategia. En ese caso, tengo una petición.
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La sonrisa de Devyn no se alteró, pero algo cambió en sus ojos: una tranquila confianza se instaló en ellos.
—Sr. Doyle, le escucho.
—Quiero conocer primero a la Srta. Payne.
Como si esperara esa respuesta, Devyn permaneció imperturbable.
—Por supuesto. —Miró la hora y añadió—:
La Srta. Payne ya está en el avión. Aterrizará en media hora. Si sale ahora, llegará justo a tiempo para recogerla.
La expresión de Jarrod se ensombreció. Damir lo había planeado todo al milímetro, incluso había previsto cómo reaccionaría él. La agenda de Sylvia estaba cerrada, sin margen de maniobra. Damir no era solo un adversario. Era un estratega.
Sin decir nada más, Jarrod cogió su chaqueta y salió de la oficina a zancadas. Bryce lo siguió de cerca.
Mientras el coche se dirigía a toda velocidad hacia el aeropuerto, los recuerdos de Sylvia invadieron la mente de Jarrod.
Las risas. La traición. La forma en que ella lo miraba antes.
La ciudad se veía borrosa a través de las ventanas, pero su mente estaba en otra parte.
Treinta minutos más tarde, el coche entró en el aparcamiento del aeropuerto. Jarrod no perdió tiempo, salió y se dirigió directamente a la terminal. Sus ojos escudriñaron la salida, con el corazón encogido por la expectación.
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