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Capítulo 579:
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Ante eso, Brinley levantó la vista, frunciendo el ceño.
«Austin, empiezo a preguntarme si me has puesto un rastreador. ¿Cómo sabes siempre cuándo estoy en apuros y lo solucionas tan rápido?».
Austin esbozó una sonrisa pícara. «Eres mi mujer. Tus problemas son mi única prioridad».
«Eres un auténtico seductor», bromeó Brinley, reconfortada por sus palabras. Luego insistió: «¿Qué has hecho?».
«Puedes consultar los titulares de mañana», respondió Austin en tono juguetón, dándole un golpecito cariñoso en la nariz. «Te prometo que te encantará».
A la mañana siguiente, Brinley se despertó sobresaltada por el incesante zumbido de su teléfono.
Buscándolo a tientas, encontró la pantalla inundada de alertas de noticias, cada titular más sensacionalista que el anterior.
«¡Escándalo en la familia Palmer! ¡El estilo de vida libertino de Colin lo lleva al hospital!».
𝖯𝖺𝘳𝗍𝘪𝖼iрa 𝖾𝗇 𝗻𝘂e𝘀𝘵𝗿a 𝘤о𝗆𝘂𝗻𝗂𝖽а𝗱 𝖽e 𝗻o𝗏𝖾𝗅aѕ4f𝗮n.𝗰оm
«¡La noche salvaje de Colin termina en un colapso físico!».
«¡Colin fue trasladado de urgencia al Hospital Central, sumiendo a toda la familia Palmer en el caos!».
El sueño se evaporó cuando Brinley se sumergió en un artículo, descubriendo relatos vívidos y fotos borrosas.
Los informes detallaban cómo Colin se había lanzado a una fiesta privada excesivamente lujosa la noche anterior, de juerga con varias modelos jóvenes hasta el amanecer.
Por la mañana, lo encontraron incoherente y con convulsiones, y lo trasladaron de urgencia al hospital.
Los médicos informaron de graves daños físicos por el consumo excesivo de alcohol y afrodisíacos, lo que provocó daños permanentes en sus riñones y su virilidad.
En pocas palabras, la virilidad de Colin estaba completamente arruinada.
Los pensamientos de Brinley se remontaron a la fría seguridad de Austin de la noche anterior: «Puedes consultar los titulares de mañana. Te prometo que te encantarán».
Así que así fue como él la vengó.
Austin ni siquiera había tenido que mover un dedo; simplemente había tendido una trampa, y Colin había quedado en ridículo.
Cuando Austin atacaba, el resultado siempre era devastador. Era despiadado hasta la médula.
Sin embargo, curiosamente, Brinley no sentía ningún temor, solo una oleada de alivio.
Sabía que Austin era su ancla. Su implacable precisión y ferocidad solo se dirigían contra quienes la amenazaban, mientras que su inquebrantable lealtad le pertenecía solo a ella.
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