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Capítulo 278:
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Cuando llegó a su planta, María se tomó su tiempo. Charló un rato con Summer y le prometió que irían de compras juntas pronto. Luego se dirigió al despacho del director general y entró sin llamar.
Como de costumbre, James tenía la nariz metida en una pila de documentos. María se acercó al escritorio y se sentó frente a él. Se apoyó la barbilla en una mano. «¿Por qué nunca te pones ese otro traje que te compré?».
James asintió con la cabeza. «Entonces deberías ir a ver a Norman Shen».
Habiendo acudido a él en busca de ayuda, María no tenía intención de marcharse con las manos vacías. «¿Qué te parece esto? Yo te presto algo de dinero, o tú me prestas algo a mí. Derrotamos juntos al Grupo Qin. ¿Qué me dices?».
James permaneció totalmente impasible.
Además, se esforzaba por no echarse a reír. ¿Ella le iba a prestar dinero? ¿Por qué iba a necesitar un préstamo para adquirir una empresa? Él era James Xi. Se preguntaba si ella le estaría tomando el pelo. «Vete. Ahora mismo».
María estaba molesta. ¿Por qué tenía que ser ese hombre tan difícil? Solo le preocupaba que hacerse con el Grupo Qin ella sola pudiera estar por encima de sus posibilidades. Quería un poco de ayuda.
¿Por qué otra razón estaría aquí?
Él había rechazado su plan de negocio y ahora había descartado una adquisición conjunta. «¿Entonces hemos terminado? No consigo que estés de acuerdo en nada».
«No hemos terminado del todo». No era tan tacaño.
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Su expresión se suavizó.
«¿Qué te gustaría de la subasta benéfica? Puja por lo que quieras y yo lo pagaré. Lo que sea», dijo él con seriedad.
María puso los ojos en blanco. Así que eso era lo que pensaba de ella. ¿Se imaginaba que era su amante? «No quiero joyas. Y tampoco quiero antigüedades». Dio una patada en el suelo.
Había leído el catálogo de la subasta con antelación. Joyas, porcelana, cuadros famosos, artesanía. Nada de eso le interesaba lo más mínimo.
«¿Qué quieres entonces? ¿El Grupo HL? Me pondré a ello enseguida», dijo él con sequedad.
María lo miró con ira. «¿Por qué no? ¿Acaso no eres un hombre de palabra?». Si se lo entregaba, ella lo aceptaría sin pensárselo dos veces. En el peor de los casos, el Grupo HL quebraría. ¿Qué había que temer?
James suspiró. Se preguntaba si aquella mujer recordaba algo de lo que él le había enseñado. Solo habían pasado unos días y ya se había olvidado de cuando le suplicaba clemencia.
María rodeó el escritorio, se agachó y le rodeó el cuello con los brazos. Haciendo de niña mimada, le suplicó: «James Xi, acepta mi idea y volveré a acostarme contigo».
Él esbozó una mueca de desprecio. «Si tienes tiempo que perder en cosas como esa, quizá deberías dedicarlo a aumentar tu resistencia».
María abrió la boca y no le salió nada.
Aquel hombre era un imbécil de talla mundial. «Estupendo. ¿Te traigo un perrito para que le des una patada ahora?». Ella soltó su cuello y le agarró la mano, apretándola cada vez con más fuerza. «Más te vale rezar para que las tornas nunca se vuelvan en tu contra. Si no…». Si eso ocurriera, lo tendría de rodillas mostrándole algo de respeto.
Pero perdió el valor a mitad de camino y se tragó el resto.
«Haré de tu vida un auténtico infierno». Eso sí que podía decirlo. Le soltó la mano.
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