✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 699:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Haleigh se alejó de la cámara acorazada. Su jefe de seguridad le entregó un sobre de manila grueso y pesado. Caminó lentamente hacia Victoria, que hiperventilaba y se apoyaba con fuerza contra una columna de mármol para no desmayarse.
Haleigh se detuvo a dos pies de distancia y le estrelló el sobre directamente contra el pecho a Victoria. Esta se sobresaltó y, instintivamente, agarró los papeles antes de que cayeran.
—Sra. Knight —dijo Haleigh, con una voz que se oía claramente por encima del murmullo de la multitud—. Acaban de notificarle esto. Se trata de una demanda formal presentada por el departamento jurídico de Barrett Holdings por la destrucción física de nuestra propiedad alquilada y la difamación maliciosa y coordinada contra Elena Lawson.
Haleigh hizo una pausa, dejando que el silencio se intensificara.
«Los daños y perjuicios preliminares, incluido el incumplimiento del contrato con Sotheby’s, se calculan en ciento cincuenta millones de dólares».
Un grito ahogado colectivo y audible dejó sin aliento a todos los presentes.
Victoria puso los ojos en blanco ligeramente. Se tambaleó, con la mente completamente bloqueada ante aquella cifra astronómica.
𝘔і𝘭еs d𝖾 𝘭𝖾𝘤𝘵𝗼𝘳еs e𝘯 𝗇𝗼v𝘦𝗹а𝘀𝟦𝗳𝗮n.𝖼𝘰𝗆
De repente, Bianca Knight se abrió paso entre la multitud de periodistas, con el rostro enrojecido por una furia arrogante. No podía soportar ver cómo humillaban a su madre.
«¿Quién demonios te crees que eres?», gritó Bianca, señalando con el dedo a pocos centímetros de la cara de Haleigh. «No eres más que una zorra interesada que se casó por dinero. No tienes absolutamente ninguna legitimidad legal para demandarnos en nombre de Elena. ¡Esos cuadros pertenecen al patrimonio de los Knight!«
Era un argumento desesperado y jurídicamente incoherente, pero Bianca se aferraba a la creencia aristocrática de que la sangre y la riqueza ancestral prevalecían sobre todo lo demás.
Cristofer dio un paso al frente, con el rostro pálido. «Bianca, cállate…»
Haleigh levantó la mano, interrumpiéndolo al instante.
Miró a Bianca. La ira de sus ojos se desvaneció, sustituida por una mirada de profunda y escalofriante lástima —como quien observa a un payaso realizando un triste número—. Luego, lentamente, le dio la espalda a Bianca y se enfrentó a la enorme pared de cámaras que destellaban y teléfonos que retransmitían en directo.
Respiró hondo para tranquilizarse. Durante meses, había ocultado su verdadero linaje, creyendo que abandonar el apellido Knight era la única forma de honrar el sacrificio de su madre. Había querido alejarse de su imperio tóxico. Pero al observar la figura temblorosa y patética de Victoria y el rostro cobarde de Cristofer, una profunda revelación se cristalizó en su interior. El silencio no era respeto, era rendición. La única forma verdadera de honrar a Elena era recuperar todo lo que les habían robado, convertir en arma el mismo linaje que ellos adoraban y aplastarlos con él.
—¿Me preguntáis qué derecho tengo? —la voz de Haleigh retumbó en la sala, amplificada por la fuerza de su convicción—. ¿Me preguntáis cómo puedo representar a Elena?
Giró bruscamente la cabeza. Sus ojos se clavaron en Cristofer Knight como sistemas de puntería láser.
—Porque yo, Haleigh Oliver —declaró, pronunciando cada sílaba con una claridad devastadora—, soy la hija biológica que Elena llevó en su vientre.
Las palabras impactaron en la sala como un ataque nuclear táctico.
Durante tres segundos enteros reinó un silencio absoluto y aterrador. Entonces, la sala estalló. El ruido era ensordecedor: los periodistas gritaban y se empujaban unos a otros para conseguir un mejor ángulo, y los flashes de las cámaras disparaban tan rápido que creaban un efecto estroboscópico continuo y cegador.
.
.
.