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Capítulo 543:
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Sin embargo, la combinación de la fiebre y el agotamiento había pasado factura a su cuerpo.
«Empezaremos por tratar la herida del Sr. Brooks».
«De acuerdo», respondió Yvonne.
Cuando Yvonne se dio la vuelta para marcharse, Shane extendió la mano y la agarró por la muñeca.
«¿Qué pasa?», preguntó Yvonne en voz baja.
«Esperaré fuera».
«Quédate aquí conmigo», dijo Shane.
«No seas terco. Tu tratamiento es lo primero», respondió Yvonne.
«Si te vas, no dejaré que me traten», dijo Shane.
Yvonne lo miró fijamente, sintiéndose resignada.
«Están muy unidos», dijo el médico con una sonrisa cómplice. «Es un procedimiento sencillo. Puede quedarse aquí, señora Brooks».
Yvonne soltó un suspiro de derrota. «Está bien».
Permaneció al lado de Shane durante todo el tratamiento y después lo acompañó a su habitación del hospital.
Los ojos de Shane la suplicaban.
—¿Te vas ya?
—Emily está en la habitación de al lado. Tengo que quedarme con ella esta noche —respondió Yvonne.
—¿Le dirás a Emily que soy su padre? —preguntó Shane.
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Yvonne no pudo reprimir una risita ante su expresión herida.
—Pronto. Cuando Emily se recupere. —Hizo una pausa, eligiendo cuidadosamente sus siguientes palabras—. Emily aún se está recuperando y está muy unida a Farley. Saber la verdad ahora podría abrumarla.
Shane permaneció en silencio, con sus rasgos atractivos tensos.
Yvonne se inclinó y le dio un suave beso en la comisura de los labios. —Aquí tienes tu premio de consolación… No te enfades, ¿vale?
El disgusto se desvaneció del rostro de Shane, sustituido por una leve sonrisa.
«No es suficiente».
Antes de que Yvonne pudiera reaccionar, su mano encontró la nuca de ella y la atrajo hacia sí para besarla…
Yvonne quiso apartarse, pero Shane la sujetó con firmeza, sin querer soltarla.
El beso se prolongó, profundo y apasionado, hasta que Yvonne empezó a respirar con dificultad. Solo entonces Shane se detuvo por fin.
Las mejillas de Yvonne estaban sonrojadas y su pulso se aceleró mientras recuperaba el aliento. Con una mirada de reproche en los ojos, dijo: «Ahora, ¿puedes portarte bien y descansar un poco?».
«Todavía quiero mirarte», dijo Shane.
Un suave suspiro escapó de los labios de Yvonne. Recostándose contra su calor, dijo: «Duérmete. Me quedaré aquí hasta que lo hagas».
Por fin, Shane exhaló, aflojando el abrazo y cerrando los ojos.
Yvonne esperó pacientemente, observando cómo se normalizaba su respiración y sus rasgos finalmente se relajaban. Solo cuando estuvo segura de que estaba dormido, se levantó en silencio y salió de la habitación, dirigiéndose a la habitación contigua.
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