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Capítulo 542:
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«Shane…» Yvonne apartó el rostro de sus labios, que se acercaban, y su voz se suavizó hasta convertirse en una suave súplica. «Tienes que curarte la herida. Primero ponte bien. Luego… yo…».
«Solo una vez». Los profundos y oscuros ojos de Shane la mantuvieron cautiva, con una rara vulnerabilidad brillando en su interior. «Por favor, Yvonne…».
El corazón de Yvonne se aceleró. En ese breve momento de vacilación, Shane volvió a reclamar sus labios, robándole la determinación. Yvonne luchó contra la neblina del deseo y sus dedos encontraron el camino hasta la herida, examinándola. Se sintió aliviada al confirmar que no era profunda y que ya había dejado de sangrar.
—Concéntrate en mí, Yvonne… —susurró Shane contra la comisura de sus labios, rozándola con los suyos.
Yvonne quería sacudirlo para que entrara en razón. ¿Cómo podía pensar en otra cosa que no fuera su herida en un momento así?
Shane entrelazó sus dedos antes de capturarla en otro beso conmovedor… La hora llena de pasión se desvaneció, dejando finalmente la habitación en silencio. Los cuerpos de Shane e Yvonne brillaban por el sudor.
Después de recuperar el aliento, Yvonne se incorporó de la cama. Se dirigió al armario, se puso una bata de seda y volvió para atender la herida de Shane. Aunque era superficial, su apasionado encuentro había abierto más el corte, dejando manchas carmesí en las sábanas.
—Esto necesita atención médica —murmuró Yvonne mientras limpiaba la herida—. Deberías ir al hospital para que te la suturen.
—No quiero ir —dijo Shane.
Yvonne lo miró con severidad. —Me hiciste una promesa. Dijiste que solo sería una vez y que luego me escucharías.
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Una suave risa escapó de los labios de Shane. —Está bien, mantendré mi palabra… Pero primero necesito ducharme.
—Primero te cubriré la herida con un apósito impermeable —dijo Yvonne.
Shane rodeó su cintura con sus fuertes brazos y la atrajo hacia sí. —¿Por qué no nos duchamos juntos?
Yvonne solo pudo mirarlo con incredulidad. Sabía muy bien que no debía caer en esa sugerencia: «ducharse juntos» con Shane se convertiría en horas de apasionada distracción.
—No, no podemos hacer eso —dijo Yvonne con firmeza.
«Solo estaba bromeando». Shane le dio un tierno beso en la frente. «Usaré el baño de al lado».
«Está bien», respondió Yvonne.
Después de una ducha rápida, Yvonne salió del baño y se puso ropa limpia del armario. Shane ya había terminado de ducharse y estaba recostado en el sofá con los ojos cerrados, descansando.
Siguiendo su instinto, Yvonne extendió la mano para tocarle la frente. Se le encogió el corazón: su piel ardía bajo su tacto.
—¿Shane? ¿Shane? —llamó Yvonne en voz baja.
Shane luchó por abrir los ojos. —No te preocupes. Solo estoy un poco cansado.
—¿Puedes levantarte? Tenemos que llevarte al hospital ahora mismo —dijo Yvonne.
—Puedo —respondió Shane.
Yvonne ayudó a Shane a bajar las escaleras, sosteniéndolo. El trayecto hasta el hospital más cercano duró veinte minutos. Shane fue trasladado inmediatamente a urgencias. El médico lo examinó y determinó que, aunque la herida necesitaba unos puntos, no era grave.
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