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Capítulo 328:
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La sonrisa de Tanya se amplió. «De acuerdo».
Mientras tanto, cerca de la casa de Shane, Yvonne estaba sentada inmóvil en un banco, con la mirada fija en la puerta de la casa. Estaba esperando, con el corazón acelerado por la esperanza de ver salir a esa mujer, desesperada por confirmar que lo que Shane había dicho era mentira.
El tiempo se alargaba, ya pasadas las once, mientras las luces de la casa se apagaban una a una. Pero la mujer nunca apareció.
Un escalofrío recorrió el pecho de Yvonne.
Se sintió como dos años atrás, cuando había esperado frente al edificio del Grupo YS, esperando que Shane finalmente le diera una explicación.
Hace dos años, no había obtenido esa explicación, y ahora, nada había cambiado.
—Señora Brooks, no tiene buen aspecto —dijo Zoey, con voz llena de preocupación—. Deberíamos irnos a casa. No hay motivo para que se quede aquí.
—Tienes razón —respondió Yvonne, esbozando una sonrisa forzada—. Quizás Shane y yo no estamos destinados a estar juntos.
—Sra. Brooks, realmente no creo que el Sr. Brooks sea así. Nunca la ha engañado antes y…
—No importa —interrumpió Yvonne, con tono tranquilo pero firme—. Vámonos.
Zoey esperaba que Yvonne cayera en la desesperación, pero, para su sorpresa, Yvonne hizo un esfuerzo consciente por recuperar sus fuerzas: comía bien, descansaba adecuadamente y se recuperaba más rápido de lo previsto.
Dos semanas después, Yvonne había vuelto a ser la de siempre, lista para volver al trabajo. El mundo parecía haber vuelto a la normalidad, pero solo Yvonne conocía el vacío que la carcomía por dentro.
Esa tarde, Yvonne se dirigió al hospital.
Las puertas del ascensor se abrieron y allí, delante de ella, estaban Shane y la mujer de aquel día.
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—Vaya, qué sorpresa verte aquí —dijo Tanya con una sonrisa—. No supe hasta más tarde que eras la esposa de Shane, bueno, exesposa, para ser exactos. Ese día no sabía quién eras, así que no te saludé como es debido. Espero que no te importe.
Yvonne se quedó mirando la sonrisa impecable de la mujer.
Habían pasado dos años desde que ella y Shane se habían separado, y ahora solo les quedaba pasar por los trámites para formalizar el divorcio. Debería haberle devuelto la sonrisa y decirle a Tanya que no pasaba nada.
Pero se dio cuenta de que no podía hacerlo.
Yvonne desvió la mirada hacia Shane.
Él permanecía inmóvil, con el rostro impasible, sin molestarse siquiera en mirarla.
Con una mujer tan hermosa a su lado, Shane no necesitaba mirar a Yvonne. Ella soltó una risa autocrítica y pasó junto a él con sus tacones.
Una punzada de arrepentimiento atravesó el pecho de Shane.
Sin pensarlo, se dio la vuelta y comenzó a correr tras ella.
Shane reprimió la tormenta que se estaba gestando en su interior, obligándose a respirar con regularidad y conteniendo el torrente de emociones. Cerró los ojos con fuerza y una expresión de dolor se dibujó en su rostro mientras apretaba los puños a los lados del cuerpo.
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