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Capítulo 273:
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«¡Oh, mira! Yo también tengo una mancha en el vestido. ¿Por qué no me dices cómo quitársela?».
Envalentonadas, las mujeres se volvieron aún más descaradas, tratando a Alina como si no fuera más que una sirvienta.
A Kenzie le hervía la sangre. Dio un paso al frente y miró con ira a Teresa. «Teresa, ¿qué demonios crees que estás haciendo?».
Teresa la miró con desprecio y le dio la espalda, ignorándola por completo. «Kenzie, no te metas en esto. No es asunto tuyo».
Kenzie sintió que le subían los humos y apenas pudo mantener la compostura. Desde que eran niñas, Teresa siempre se había valido del apellido de su familia, Wright, para comportarse con arrogancia.
Con un desdén indudable, Teresa volvió a centrar su atención en Alina y la examinó de pies a cabeza. Saber que el hombre que en su día estuvo comprometido con Joelle había elegido ahora a alguien de orígenes tan humildes le provocaba una profunda ira. Para ella, esa elección humillaba a su hermana delante de todo el mundo, y se lo tomó como un insulto personal.
Apenas conteniendo su hostilidad, Teresa dijo: «Alina, vienes de una familia de sirvientes, así que deberías saber cuál es tu lugar. Hazte un favor y mantente fuera de la vista antes de hacer el ridículo delante de toda esta gente».
Pero Alina no reaccionó. Se mantuvo tranquila, con el rostro totalmente impenetrable.
Desde la distancia, Paulina había estado observando la escena cuando vio acercarse a Pamela. Su expresión cambió inmediatamente a una de preocupación y se apresuró a intervenir.
«Teresa, por favor, deja de hablar así de Alina», dijo Paulina con urgencia. «Es amable, y mi familia la quiere mucho».
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«¿Amable? No es más que una diseñadora. ¿Y qué? Nunca estará a la altura de Joelle». Con evidente desdén, Teresa añadió: «Paulina, quizá no me corresponda decir esto, pero ¿no se da cuenta tu familia de que esto es una falta de respeto hacia la nuestra?».
Teresa ni siquiera había terminado de hablar cuando Alina cogió una copa de vino tinto de la bandeja de un camarero que pasaba por allí y, sin dudarlo, se la echó por la cabeza.
El líquido rojo oscuro corrió por el cabello cuidadosamente peinado de Teresa y se extendió por su elegante vestido blanco. Era una imagen de humillación total.
Un silencio inquietante se apoderó de la sala. Nadie esperaba que Alina hiciera algo tan atrevido, y todos los invitados se quedaron paralizados, con la boca abierta.
Tras varios segundos, Teresa por fin salió de su aturdimiento. Su rostro se contorsionó de rabia, con el odio ardiendo con intensidad en sus ojos. Al instante siguiente, levantó la mano, decidida a abofetear a Alina. Consumida por completo por la furia, lo único que deseaba en ese momento era destrozar el rostro impecable de Alina.
Pero alguien le agarró la muñeca antes de que el golpe llegara a su destino.
Una bofetada seca resonó en la sala mientras la cabeza de Teresa se desviaba bruscamente hacia un lado.
Alina flexionó los dedos y luego la miró con frialdad. «Tu piel es sorprendentemente suave», dijo con voz gélida.
Teresa se quedó paralizada tras el golpe, con los ojos muy abiertos, completamente abrumada por la incredulidad.
Paulina se quedó paralizada por la conmoción, sin saber a quién ayudar primero. Pamela se apresuró a acercarse, seguida de cerca por las demás.
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