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Capítulo 828:
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Alexia, tomada por sorpresa, posó suavemente la mano sobre su brazo, en un gesto de consuelo. «Oye, ¿qué pasa? ¿Ha ocurrido algo? Me has dado un buen susto».
Intercambiaron una mirada —intensa y llena de significado— que dejó a Alexia con un rápido y vacilante aleteo en el pecho antes de que se desvaneciera, sustituida por una apariencia de calma.
Nolan la soltó, manteniendo una distancia respetuosa entre ellos, con una compostura casi impecable. Sin embargo, la tensión se delató en la forma en que sus manos se curvaban muy ligeramente a los lados, una pequeña grieta en su cuidadosa contención.
«No es nada, de verdad», respondió finalmente, con voz firme pero suave. «Es que te he echado de menos. Ha pasado mucho tiempo. Siento haber sido tan directo».
Alexia negó suavemente con la cabeza. «No tienes por qué disculparte. Somos amigos. ¿Cómo está el profesor Ellis?».
Los labios de Nolan esbozaron una leve sonrisa. «Le persisten algunos problemas de salud, pero, en general, está bien. Sigue tan lúcido como siempre».
«Me alegro de oírlo». Su respuesta sonó con auténtica calidez.
Para cenar, Nolan eligió un restaurante de lujo donde la privacidad era claramente una prioridad: todas las mesas estaban separadas por la distancia justa, y el resplandor de las lámparas tenues proyectaba suaves sombras por toda la sala. Las notas de un piano flotaban silenciosamente en el aire, aportando a la velada un telón de fondo tranquilo y elegante.
Mientras Nolan comentaba el menú con el camarero, su soltura con un segundo idioma llamó la atención de Alexia. Se sintió discretamente impresionada, al darse cuenta de lo mucho que había cambiado desde la última vez que habían pasado tiempo juntos.
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Los platos no tardaron en llegar; cada uno era una obra maestra en miniatura, con cada detalle dispuesto como si se tratara de una exposición.
—Este sitio es famoso por su foie gras y su langosta azul. Tienes que probar ambos mientras estemos aquí —dijo Nolan con una sonrisa.
—Gracias —asintió Alexia, sorprendida por la inconfundible madurez con la que Nolan se comportaba ahora—. ¿Por qué insistir en cenar esta noche, precisamente esta noche? Hay una tormenta ahí fuera.
La respuesta de Nolan vino acompañada de una sonrisa irónica. «Me enteré de que estabas en la ciudad y, sinceramente, no quería arriesgarme a perderte de vista. Me preocupaba que te esfumaras de nuevo antes de que tuviera la oportunidad».
Una punzada de culpa la pilló desprevenida. «Debería haber gestionado mejor las cosas antes de marcharme. Desaparecí sin siquiera decir adiós».
«Te esfumaste durante dos años, Alexia. Ni una sola palabra», añadió Nolan.
Al ver el arrepentimiento en sus ojos, suavizó aún más el tono. «Pero no estoy enfadado contigo. Lo entiendo: debías de tener tus razones para desaparecer. Si alguien tiene que pedir perdón, ese soy yo. Traerte de vuelta aquí, meterte en medio de todo esto… Este era mi lío, no el tuyo. Siento todo lo que te has visto envuelta».
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