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Capítulo 809:
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«¿Así que te sumergiste en las profundidades solo por esto?», preguntó Alexia mordiéndose el labio, con voz suave. «Y ahora no es más que un regalo de cumpleaños. ¿De verdad puedes vivir con eso, Waylon?».
La brisa nocturna les rozó, haciendo que sus ropas susurraran al rozarse.
«No», dijo él en voz baja, con la sinceridad que nunca dejaba de mostrarle.
Sabía que debía detenerse ahí. No tenía derecho a querer más.
Pero la razón nunca había sido lo suficientemente fuerte cuando se trataba de ella. Antes de darse cuenta, Waylon se acercó y la atrajo hacia sí. Su calor se filtró en él y, por un instante, el mundo se detuvo.
Inclinó la cabeza hasta que sus rostros casi se tocaron.
Sus respiraciones se entremezclaron, calientes y entrecortadas, y el aire entre ellos vibraba con la contención.
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Una pulgada más y habría saboreado sus labios.
Pero no se movió.
Se contuvo, atrapado entre lo que quería y lo que no debía.
El deseo le quemaba por dentro, feroz e implacable, pero la razón lo frenaba… por los pelos.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Alexia. Su voz se quebró mientras le espetaba: «¿Por qué te estás conteniendo? ¿Por qué no me besas? ¡Idiota!».
Sus palabras rompieron el poco control que le quedaba a Waylon.
Le acarició el rostro con las manos y se apoderó de su boca con un beso brusco y urgente. Sus labios se presionaron con fuerza contra los de ella, y su lengua superó los últimos vestigios de su resistencia.
No fue un beso tierno. Fue una colisión de todo lo que habían estado reprimiendo.
El sabor a tabaco perduraba en él, mezclado con ese aroma familiar que siempre había sido exclusivamente suyo.
Durante un instante, Alexia se quedó paralizada. Entonces, el calor que llevaba dentro estalló y le devolvió el beso con la misma intensidad, como si por fin se hubiera encendido un fuego en su pecho.
Sus dedos se aferraron a su camisa, apretando con tanta fuerza que sus uñas casi le rompieron la piel. Era como si quisiera fundirse con él, para asegurarse de que nunca pudiera marcharse.
Ninguno de los dos podía afrontar la verdad.
No podían aceptar la cruel realidad de que el amor no bastaba para mantenerlos juntos, ni el miedo y la rabia que les producía saber que estaban a punto de perderse el uno al otro. Cada tierno recuerdo que habían compartido en su día se sentía ahora como una navaja, que se clavaba con más fuerza a cada respiración.
Las lágrimas se mezclaban entre sus labios, y el sabor a sal y a desamor se fundían en uno solo. Waylon profundizó el beso, desesperado y temerario, como si pudiera inhalarla y hacerla parte de sí mismo.
Alexia echó la cabeza hacia atrás, respondiendo a su fuerza con la suya propia, mordiéndole el labio en señal de desafío. El leve regusto a sangre les rozó las lenguas, agudo y real.
Sus jadeos entrecortados llenaban el silencio del observatorio, resonando como confesiones que ninguno de los dos podía pronunciar.
Sus frentes descansaban juntas mientras recuperaban el aliento, el aire entre ellos cargado de todo lo que no podían decir. Los labios de Alexia estaban hinchados y brillantes, sus ojos una mezcla de desamor y el calor que aún perduraba entre ellos.
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