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Capítulo 794:
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Había perdido el premio, arruinado su propia reputación y ahora incluso los cimientos de su carrera se tambaleaban al borde del colapso.
Pero lo peor de todo era que la mujer que una vez había creído en él ya no veía ni una sola chispa de valor en su trabajo. Su mirada, antes llena de admiración, ahora solo reflejaba decepción.
Ese fue el golpe que realmente lo destrozó.
Su mente se remontó al pasado, a años atrás, cuando no eran más que unos soñadores en un pequeño equipo. Cuando discutían acaloradamente por una sola toma y, más tarde, bajo las farolas, compartían perritos calientes baratos de un carrito. Ella lo había mirado con una convicción brillante e inquebrantable y le había dicho: «Algún día vamos a hacer la película más increíble».
Bebiendo cerveza con la bravuconería de la juventud, él había sonreído y respondido: «Por supuesto que sí. Seremos increíbles».
Por aquel entonces, no tenían nada: ni fama, ni recursos; solo sueños tan brillantes que sentían como si les perteneciera el mundo.
Pero en algún momento del camino, él lo había ganado todo, pero la había perdido a ella y había perdido aquella versión de sí mismo que en su día brillaba gracias a esos sueños.
«¿Cómo podría simplemente salir de tu vida? ¡Me niego!», exclamó Heath con la voz entrecortada, mientras un destello febril se encendía en sus ojos.
Allí mismo juró que Alexia lo recordaría para siempre. Que sus nombres permanecerían entrelazados, aunque tuviera que convertirse en un fantasma que la persiguiera durante el resto de su vida.
Dentro del coche, Alexia se estremeció de repente. Waylon, que la había estado observando de reojo, se dio cuenta de inmediato. «¿Qué te pasa?», preguntó, con un tono de preocupación en la voz.
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«No lo sé. Es solo que he tenido la sensación de que alguien me guarda rencor», murmuró ella, frotándose el brazo. «Tengo un poco de frío».
El conductor ajustó rápidamente la calefacción. Waylon se quitó el abrigo y se lo colocó con delicadeza sobre los hombros.
El calor la envolvió, y la inquietud que le había rozado el corazón comenzó a desvanecerse. «¿Cuánto has oído mientras Heath y yo discutíamos?», preguntó ella.
Los labios de Waylon esbozaron una leve sonrisa. «Este coche tiene un excelente aislamiento acústico. Si no le hubiera visto ponerse tan nervioso de repente —como si fuera a pegarte de verdad—, ni siquiera habría salido del coche».
Alexia ladeó ligeramente la cabeza. «¿No quieres preguntarme nada?».
Waylon se encogió de hombros con indiferencia. «¿Sobre por qué os estabais peleando? Me lo puedo imaginar».
Ella se recostó en el asiento, con voz tranquila. «En realidad, Heath tenía razón en una cosa. Sí que aproveché tu influencia».
Waylon soltó una risita ahogada, dejando claro su desdén por Heath. «No tienes por qué preocuparte por las palabras de ese tonto. Hoy lo has gestionado todo a la perfección. Los recursos y el poder están ahí para ser utilizados. Si estás utilizando mi influencia, solo significa que estás empezando a confiar en mí. Además, yo estaba aquí para apoyarte. Si no hubieras aprovechado lo que yo aporté, mi presencia aquí no habría tenido sentido».
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