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Capítulo 711:
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Alexia acunó el cuerpo ilusorio de Waylon, con lágrimas brillando en sus ojos.
La voz fría y incorpórea resonó una vez más.
«Este es el destino al que, en última instancia, tendrás que enfrentarte. Será mejor que te acostumbres a él, Luna. Este es el destino que te espera».
El corazón de Alexia se rebeló. Sus lágrimas le quemaban, no solo por el dolor, sino también por el desafío.
«¿Cómo has podido hacer esto? ¡Esta prueba no tiene sentido! No demuestra nada. Si un líder debe sumir a los demás en el caos solo para demostrar su fuerza, entonces no es más que un tirano. Si actúa movido por el rencor, se ciega ante el panorama general. Si tu ideal de liderazgo exige que alguien rompa todos los lazos y abandone su humanidad, entonces lo que buscas no es un líder, sino una máquina. Y una máquina no puede comprender a las personas. ¡Sin humanidad, nadie puede aspirar jamás a comprender o guiar a la humanidad!«
Sus palabras se hicieron más cortantes, sus ojos ardían con determinación mientras levantaba la cabeza para enfrentarse a la figura invisible que acechaba entre las sombras.
«El verdadero poder no nace de la crueldad ni de la venganza, sino de la sabiduría para ver más allá del momento, de la tenacidad para defender lo que es justo y de la visión para liderar más allá del deseo personal. No busco venganza, ni ansío un poder vacío. Lucho por el derecho a restablecer el orden en esta organización fracturada. ¡Este juicio no es más que un insulto para mí!».
Su declaración resonó con una convicción inquebrantable. Por un instante fugaz, la admiración destelló en los ojos ocultos del examinador.
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Al instante siguiente, un resplandor blanco puro se derramó sobre Alexia, y las ilusiones se hicieron añicos a su alrededor como cristal frágil.
Alexia parpadeó entre lágrimas y se encontró despierta de nuevo, la primera en escapar del yugo de la ilusión.
A su lado, Ghost observaba con ansiedad. «¿Estás bien?», preguntó él, entrecerrando los ojos al ver las lágrimas que le resbalaban por las mejillas. «¿Has estado llorando?»
Alexia se quitó lentamente el casco, secándose las comisuras de los ojos. Su voz era suave, ahogada por la emoción que aún la embargaba. «Estoy bien».
Su mirada se dirigió hacia Ghost, a salvo y sin un rasguño. Una oleada de alivio la invadió. «Me alegro de que estés bien».
Ghost soltó una pequeña risa de alivio. «Bueno, estoy perfectamente bien. Pero al verte allí inconsciente, sin moverte ni un poco, pensé que había pasado algo terrible».
Al no ver ninguna lesión física más allá de su agitación emocional, exhaló un suspiro silencioso. «De todos modos, yo también me alegro de que estés bien. ¿Fue tan difícil la prueba? ¿Qué viste?».
Alexia se quedó en silencio, con la mente reviviendo aquellas imágenes desgarradoras. Solo tenía una cosa clara: el Jardín del Edén había descubierto su conexión con Waylon y la había utilizado para ponerla a prueba.
Eso significaba que, una vez que se convirtiera en Eva, tendría que acabar con ellos.
Ghost ladeó la cabeza, sorprendido por su silencio. «¿Qué te pasa? ¿Por qué no hablas? ¿Ya has olvidado lo que has pasado ahí dentro?».
Por fin, Alexia lo miró a los ojos, con voz tranquila pero grave. «Te vi morir delante de mí».
Ghost inspiró bruscamente.
«Podría haberte salvado, pero no lo hice», admitió ella.
Su expresión vaciló ante su franqueza. Se llevó una mano al pecho de forma dramática. «¿Estás segura de que deberías decirme eso a la cara? Eso duele».
«Lo siento», murmuró Alexia, con una disculpa sincera. «A mí también me dolió verte morir ante mis ojos».
Ghost se acarició la barbilla pensativo. «Entonces, ¿por qué no me salvaste?».
«Porque tenía que convertirme en Eve».
«Hiciste lo correcto. El puesto de Eva importa más que nada. Si yo estuviera en tu lugar, habría elegido lo mismo. Además, nuestra amistad no es precisamente inquebrantable».
Al final, solo cuatro participantes habían superado la prueba. Para sorpresa de Alexia, los Escorpiones se encontraban entre ellos. Así que sí que tenían más recursos de los que ella les había atribuido.
El examinador dio un paso al frente por fin, con una voz tranquila pero cargada de firmeza.
«Enhorabuena. Vosotros cuatro habéis superado la prueba definitiva de fuerza de voluntad. Pero solo uno de vosotros puede convertirse en Eve. Ahora tenéis veinte minutos. Decidid si lo resolveréis mediante una competición justa para determinar un único vencedor, o si elegís entre vosotros a un líder al que los demás seguirán de buen grado».
Las cuatro intercambiaron miradas recelosas. La respuesta no se dijo en voz alta, pero estaba clara.
«¿Una votación? Nos hemos abierto paso luchando hasta aquí. La más fuerte debería reclamar el título. Nada más importa». Las Escorpiones miraron a Alexia y a Ghost. «¿No estáis de acuerdo?».
La voz de Alexia era firme, resuelta. «Por mí está bien. Yo estoy a favor de una competición justa».
La examinadora miró a las hermanas con una calma mesurada. «Entonces… ¿preferiríais resolverlo en combate?».
«Por supuesto. Llevamos tiempo esperando este momento».
Las miradas de los Escorpiones se clavaron en Alexia, ardiendo con un odio ancestral y la promesa de sangre.
A pesar de la amenaza, Alexia no se inmutó. Se volvió hacia la examinadora con fría certeza. «Si los mato en la lucha, ¿será eso aceptable?».
El examinador esbozó una leve sonrisa. «Como quieras. Lo que necesito es alguien que inspire respeto a través de la fuerza».
Con esas palabras, todas las ataduras que la sujetaban desaparecieron. Alexia ya no tenía nada que la frenara.
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