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Capítulo 620:
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Un grito desgarrador y débil se escapó de Sherry, rompiendo bruscamente la tensa atmósfera y poniendo a todos en vilo.
Sus ojos muy abiertos se pusieron en blanco y sus patas delanteras cedieron de repente, haciendo que el caballo se estrellara contra el suelo como si toda la fuerza se hubiera escapado de su cuerpo. «¡Oh, no!». Antonia no tuvo tiempo de reaccionar; un grito de terror se le escapó al salir disparada de la silla de montar.
Su cuerpo giró torpemente en el aire antes de caer con fuerza sobre la pista de carreras cubierta de hierba.
Cada mechón de pelo de Antonia, cuidadosamente recogido, se deshició en un instante. El barro y la hierba se le pegaron al traje de montar bordado, y su casco rodó lejos, dejándola desgreñada y aturdida.
Con el colapso de Sherry, el enorme caballo vaciló y se desplomó de costado con un golpe sordo y retumbante. Sus patas se retorcían violentamente mientras sangre espumosa le goteaba por la boca y la nariz, empapando la hierba que tenía debajo. Nunca volvió a levantarse. Un silencio pesado y sofocante se apoderó de toda la escena, dejando solo un silencio insoportable en el aire.
El mundo parecía suspendido en estado de shock, paralizado por el horror de lo que acababa de suceder.
Esa inquietante quietud se rompió cuando una oleada de voces presas del pánico estalló desde las gradas y a lo largo de la pista. «¡Oh, no! ¿Has visto eso?»
«¡Antonia se ha caído! ¡Se ha caído!»
«¿Qué le ha pasado al caballo? ¡Que alguien la ayude, rápido!»
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En cuestión de segundos, los gritos, los chillidos y el estruendo de los pasos llenaron el aire. La gente acudió en masa desde todos los rincones, desesperada por ver qué había ocurrido, convirtiendo el hipódromo en un escenario de confusión absoluta.
Una abrumadora sensación de derrota se apoderó de Alexia, barriendo cualquier esperanza de victoria en un solo instante. Sin perder ni un segundo, se bajó de Night Breeze, le entregó las riendas a un frenético mozo de cuadra y se apresuró hacia el caos.
Antonia yacía tendida y desorientada, con un dolor agudo que se extendía por todo su cuerpo; lo que más le dolía era el tobillo. Pero el aguijón de la humillación y la incredulidad superaba con creces cualquier lesión física.
El barro se le pegaba mientras permanecía sentada en medio del alboroto, rodeada de voces preocupadas y de la figura inmóvil de su caballo, al que antes tanto admiraba.
El pánico le recorría las venas, entremezclado con una nueva y insoportable vergüenza. Hizo un esfuerzo por incorporarse, intentando desesperadamente salvar una pizca de dignidad. Aun así, la agonía y el impacto emocional la dejaban paralizada.
Las lágrimas, mezcladas con tierra, trazaban surcos desordenados por sus mejillas. Nunca antes se había sentido tan destrozada, tan completamente expuesta ante todos los que observaban desde un lado.
Fernando se abrió paso entre la multitud y se arrodilló para ver cómo estaba. «¡No te muevas! Podrías tener alguna fractura».
Alexia llegó unos instantes después, con los ojos llenos de compasión al contemplar el cuerpo inmóvil de Sherry.
«¡Traed a un médico! ¡Necesitamos un veterinario y una ambulancia, ya!». La voz de Fernando retumbó por encima del alboroto mientras daba órdenes al personal más cercano.
Los espectadores se agolpaban cada vez más cerca, capas de gente que se apretujaban mientras sus voces resonaban en el aire.
«Menuda tragedia, la verdad».
«Probablemente le exigió demasiado al caballo al final. Ese sprint fue brutal».
«Antonia lo dio todo, pero a Sherry ya no le quedaban fuerzas. Night Breeze les habría adelantado de todos modos, y ahora el caballo ha muerto».
«Esto es un desastre. Ha perdido la carrera y su reputación delante de todo el mundo».
Cada comentario que oía le calaba a Antonia como pequeñas dagas, y cada palabra le dolía más y más.
Con la ayuda de Fernando, consiguió incorporarse un poco. Levantó la cabeza bruscamente, con el maquillaje arruinado y manchado por las lágrimas, pero su mirada, aguda y vengativa, se clavó directamente en Alexia.
Samira, incapaz de soportar ver el sufrimiento de Antonia, se volvió hacia Alexia. «¿Era realmente necesario llegar a tales extremos por una simple competición? ¿No crees que te estás pasando?»
Al principio, Alexia sí sintió una punzada de compasión tanto por Antonia como por el caballo caído, pero la acusación de Samira le sentó mal al instante. «Sherry no era responsabilidad mía, y yo no era la que estaba en la silla de montar. Quizá deberías haberle dicho a tu propia hija que se lo tomara con más calma durante la carrera». »
Samira, desconcertada por un momento, se esforzó por responder mientras Alexia continuaba: «Es infantil culpar a otra persona por no dejarte ganar. Perder no te da la razón».
Samira nunca antes se había enfrentado a alguien tan directa e inflexible. Le sorprendió que Alexia rechazara incluso una disculpa simbólica, sin estar dispuesta a seguirle el juego por el bien de Antonia.
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Nota de Tac-k: Holaaaa amadas personitas, espero tengan un muy agradable día. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (=◡=) /
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