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Capítulo 498:
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Alexia no recordaba cómo había acabado en la cama aquella noche. Lo único que recordaba era que Waylon seguía sin haber dormido en el dormitorio principal.
A la mañana siguiente, la luz del sol se coló por su rostro. Se incorporó, todavía aturdida, y rebuscó en su memoria cualquier detalle de la noche anterior. Solo al salpicarse la piel con agua se percató de unas marcas tenues y apasionadas que florecían a lo largo de su cuello.
Fijándose en su reflejo, Alexia se quedó un instante contemplándose, mientras una inesperada oleada de sentimientos la embargaba.
Después, cogió una blusa de cuello alto, se la puso con cuidado y se dirigió en silencio por el pasillo hasta el estudio. Como era de esperar, encontró la habitación vacía: Waylon ya se había marchado.
Su mirada se posó en el traje que colgaba cuidadosamente en el perchero. Guardó los gemelos que había elegido para él en el bolsillo del traje.
No estaba segura de por qué se sentía tan cohibida al hacerlo. Se preguntó qué pensaría Waylon cuando encontrara los gemelos.
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Solo imaginar su reacción hizo que una sonrisa se dibujara en sus labios.
Una vez hecho esto, Alexia cogió unos cuantos libros y se retiró a su habitación, sumergiéndose en sus estudios.
Últimamente, la gente de su entorno le había ido contando historias sobre su pasado. Las fue encajando una a una, dándose cuenta de que su vida había sido extraordinaria.
Sus talentos abarcaban las finanzas, la investigación científica y las artes. La escritura había sido otro de sus puntos fuertes.
Los recuerdos de personas y momentos estaban dispersos y desvanecidos, pero las habilidades que había adquirido nunca la abandonaron. Con ellas, se movía por su mundo sin tropiezos.
Aun así, había algo en el Jardín del Edén que no dejaba de llamar su atención.
En el fondo, comprendía que su historia era enredada y que recuperar sus recuerdos era más importante que nunca.
En medio de su lectura, su teléfono vibró.
Apareció un mensaje de Iris. «Hola, Alexia, ¿cómo has estado últimamente? ¿Ya has recordado algo?».
Alexia apoyó la mejilla en la palma de la mano, reflexionando sobre ello. Iris pertenecía al Jardín del Edén. Desde que se había despertado, habían intercambiado mensajes de vez en cuando, aunque nunca nada parecía demasiado personal.
Al repasar sus antiguas conversaciones, Alexia supuso que en algún momento debieron de haber sido amigas.
Escribió una respuesta: «Estoy bien. ¿Necesitabas algo?».
Hubo una pausa antes de que Iris respondiera por fin: «¿Quieres recuperar tus recuerdos? Yo sé cómo hacerlo».
Alexia se quedó mirando el mensaje durante un buen rato, sin saber muy bien cómo responder.
La luz del sol de la tarde se colaba por la ventana mientras cogía su bolso, lo que llevó a Lucille a preguntarle adónde iba. Alexia le dijo que solo necesitaba un poco de aire fresco para ordenar sus pensamientos.
Con una sonrisa amable, Lucille le sugirió que se llevara guardaespaldas por seguridad. Alexia negó con la cabeza, rechazando la oferta. Lucille, sin embargo, no cejó en su empeño y mencionó el nombre de Waylon. «Esto es a petición del señor Mason».
Una mueca de enfado se dibujó en el rostro de Alexia. «Solo voy a dar un paseo. No va a pasar nada dramático».
Lucille le dedicó otra sonrisa tranquilizadora. «Señorita Jenkins, su seguridad es siempre lo primero. Aunque solo salga a dar un paseo, alguien tiene que vigilarla. No se preocupe: se mantendrán a distancia y la dejarán tranquila».
A falta de una opción mejor, Alexia accedió a regañadientes. Pero no pudo resistirse a burlarse un poco. «Está siendo más precavido de lo habitual por lo que pasó en la isla, ¿verdad?». Los acontecimientos de aquella isla aún le resultaban confusos, pero intuía que aquel incidente había dejado a Waylon conmocionado.
Si no hubiera sido por aquel susto, ahora no estaría tan pendiente de ella.
Lucille apartó la mirada. «El señor Mason siempre se ha preocupado por tu bienestar.
Aun así, respeta tu espacio, incluso ahora».
La confusión se reflejó fugazmente en el rostro de Alexia. «¿A dónde quieres llegar?».
Lucille dudó, eligiendo sus palabras con cuidado. «Hay cosas que no puedo explicar, pero, por favor, confía en que se toma muy en serio vuestra relación. Lo único que quiere es tu seguridad».
La sincera preocupación de Waylon a menudo le obligaba a contener su impulso de control, concediendo a Alexia toda la libertad que se atrevía.
Si quisiera, podría aislarla fácilmente de sus amigos, dictar cada uno de sus pasos y hacer que todo su mundo girara en torno a él.
Los Mason siempre se habían aferrado con fuerza a sus seres queridos. La madre de Waylon tenía esa vena, y él no era diferente.
Aun así, la razón de Waylon se imponía a su corazón más de lo que jamás lo había hecho la de su madre. Durante mucho tiempo, odió esa parte de sí mismo que se inclinaba hacia la obsesión.
La sinceridad de Lucille sacó a relucir algo feroz en Alexia. Levantó la barbilla, con el orgullo brillando en sus ojos. —Bueno, yo también hablo muy en serio.
Lucille se rió, y la calidez llenó el espacio entre ellas cuando por fin comprendió por qué Waylon se sentía tan atraído por Alexia. ¿Quién no amaría a una mujer tan encantadora?
—Si el señor Mason pudiera oírte ahora, significaría mucho para él. Solo entonces un suave rubor se dibujó en las mejillas de Alexia.
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