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Capítulo 472:
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Al llegar la mañana, Alexia abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba tumbada en la cama de Waylon.
Parpadeando para apartar los últimos restos de sueño, observó a su alrededor, cautivada por la decoración.
Una mirada rápida se posó pronto en la imponente ventana de cristal que se extendía desde el suelo hasta el techo.
Más allá del cristal resplandeciente, la ciudad se despertaba bajo sus pies. La pálida luz de la mañana se colaba por la habitación, proyectando formas marcadas sobre la alfombra de color carbón y derramándose fríamente sobre el ordenado espacio.
Mirara donde mirara, la habitación respiraba amplitud y sencillez. Las líneas eran nítidas, el mobiliario minimalista y lujoso, cada objeto en su sitio; en conjunto, creaban una sensación tranquila y poderosa de disciplina, casi asfixiante en su perfección. Una extraña sensación se apoderó de ella. El espacio parecía cuidadosamente diseñado, como una hermosa prisión construida por la lógica y el diseño más que por el amor.
La curiosidad le rondaba la mente. ¿Qué había llevado a Waylon —cuya sonrisa podía derretir hasta el estado de ánimo más sombrío— a elegir un entorno tan austero, casi clínico? Apartando las sábanas de un tirón, Alexia se dirigió hacia una estantería de caoba pulida, donde algo inesperado le llamó la atención.
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Lo cogió y lo miró más de cerca, dándose cuenta de que era una foto de los dos juntos.
Ella y Waylon estaban en un parque de atracciones. La noria se alzaba detrás de ella, y ella sonreía radiante, con el brazo extendido para acercarlo más a ella ante la cámara.
En ese instante capturado, la sorpresa había abierto los ojos de Waylon, y su mirada atónita quedaba preservada para siempre en la instantánea.
Una sonrisa suave y secreta se dibujó en los labios de Alexia justo cuando la puerta del dormitorio se abrió de par en par.
Sobresaltada, dio la vuelta al marco para que quedara boca abajo. Waylon estaba recostado con aire despreocupado en el umbral, observándola con mirada cómplice, pero sin decir nada.
—¿Has descansado bien? —preguntó él con voz suave.
Alexia asintió. —He pasado una buena noche. ¿Dónde acabaste durmiendo?
Waylon respondió: —Pasé la noche en el estudio.
Sin pensarlo, Alexia soltó: «¿Por qué en el estudio?».
La pregunta se le escapó antes de que pudiera frenarla. Al darse cuenta de su sonrisa divertida, se apresuró a disimular. «Quiero decir…».
Cruzando la habitación, Waylon le tomó la mano, con cada gesto lleno de consideración y sinceridad. «Confía en mí, prefiero estar aquí. Pero a menos que tú me invites, no pondré un pie en el dormitorio principal».
Se le sonrojaron las mejillas. No pudo evitar maravillarse de que, bajo todos los cambios, la calidez y la elegancia de Waylon no se hubieran desvanecido ni un ápice. Realmente no había perdido a aquel niño pequeño que ella recordaba de sus primeros días juntos.
Waylon no sabía que Alexia lo había malinterpretado por completo.
Más tarde, tras terminar el desayuno, le sugirió salir, quizá ir al campo de tiro.
Creía que ayudarla a reconectar con sus antiguas pasiones podría desbloquear los recuerdos atrapados en su interior.
La idea de salir de casa animó a Alexia de inmediato. Se había sentido inquieta durante los últimos días y agradecía cualquier excusa para estar al aire libre.
Al poco rato, la pareja llegó a un campo de tiro de élite, un lugar elegante y privado conocido por atender a un público exclusivo. La membresía de Waylon les dio acceso inmediato y, una vez dentro, el destino los puso cara a cara con Ryan y Serena.
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