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Capítulo 471:
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La pálida luz de la luna se colaba entre las cortinas, proyectando una silueta resplandeciente sobre Alexia y otorgándole un brillo casi sobrenatural.
Tenía el rostro medio hundido en una suave almohada, las mejillas ligeramente sonrosadas, y parecía la viva imagen de la inocencia mientras dormía: totalmente indefensa e irresistiblemente dulce. No podía dejar que durmiera en el sofá toda la noche. Con un toque suave, la cogió en brazos. Incluso mientras la llevaba, Alexia, completamente agotada, no se movió ni un ápice. Simplemente se acurrucó más cerca de él, buscando instintivamente consuelo en su abrazo.
Una vez que llegaron al dormitorio principal, Waylon la acostó con delicadeza sobre el colchón y le arropó con la manta con especial cuidado.
A continuación, se sentó en el borde de la cama, observando en silencio a la mujer perdida en sus sueños.
Si era sincero consigo mismo, sabía que había exagerado un poco la verdad durante aquella conversación con Vinson. Aun así, no podía negar que algunas verdades nunca requerían exageración.
Sus ambiciones, su necesidad de poseer, eso era real. Si Alexia nunca hubiera perdido la memoria, quizá habría logrado contenerse, fingiendo indiferencia durante toda una vida.
Pero las cosas habían dado un giro inesperado, y ahora era imposible seguir fingiendo. Waylon no podía soportar la idea de volver a perderla. El alivio por su regreso apenas se había asentado cuando un miedo intenso se apoderó de él, negándose a desaparecer.
En ese momento, el impulso de abrazarla con fuerza y no soltarla nunca se sentía más fuerte que nunca, pero se recordó a sí mismo que el amor nunca debía ser una jaula.
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Con un suspiro de cansancio, Waylon se presionó las sienes con los dedos, y una sonrisa irónica se dibujó en sus labios al darse cuenta de lo profundamente en conflicto que se encontraba en realidad.
La tentación de rendirse y atraerla hacia sí era casi irresistible, y dudaba de su propio autocontrol.
Al final, Waylon se levantó de la silla y cruzó la habitación hasta la cabecera de su cama. Durante unos momentos de silencio, se limitó a observar cómo dormía Alexia antes de apartarle suavemente el pelo que se le había caído sobre la frente.
Su mirada se demoró en el suave pliegue entre sus cejas, como si en él se escondieran todos los secretos que aún no había descubierto.
Se inclinó y, por fin, dejó que sus labios encontraran su frente en un ligero beso.
No se trataba de posesión ni de un deseo ardiente, solo de un susurro de aire fresco de la noche que se posaba suavemente contra su calor.
Waylon dejó que sus labios descansaran sobre su ceja, sin saber si el momento duró un instante fugaz o se prolongó para siempre. Bajo su suave caricia, la arruga de preocupación de su frente se desvaneció lentamente, como si algo invisible la hubiera aliviado. En ese momento de silencio, solo podía esperar que ella estuviera dispuesta a quedarse a su lado para siempre.
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